Una epidemia insólita, Coreomania. Bailar hasta morir.

Julio de 1518, Estrasburgo (actual Francia). Frau Troffea, una mujer madura y de clase baja; empieza a llamar la atención rápidamente de todo los residentes de su barrio. En una calle muy estrecha y sin aparente motivo, la mujer súbitamente ha comenzado una danza escalofriante. Con movimientos raros y muy violentos realiza una coreografía de baile endemoniada. La gente la comienza a rodear, y sintiendo una especie de curiosidad con una pizca de miedo, intentan llamar su atención y hacer que se detenga sin lograrlo.

 

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El baile frenético y semejante a una convulsión; no le da receso al cuerpo de la pobre Frau, quien, pareciera no poder tener control alguno de su cuerpo. La jornada de baile sin descanso, continuo por largas horas, que rápidamente se hicieron días- Según los informes de la época- Frau bailo varios días sin poder detenerse, y la gente intentaba con mucho esfuerzo dejarla en reposo e incluso alimentarla.

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Si el baile de Frau, la hubiera atormentado a ella sola; quizás esta anécdota no hubiera pasado de un momento de frenesí o locura que afecto a una señora madura. Pero lo más increíble de esta historia, es que esta danza era contagiosa. Al cabo de una semana, se habían unido más de 30 personas al baile y durante un mes ya eran casi 400 bailarines.

 

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Muchos de estos participantes solo paraban cuando morían. Niños, mujeres y hombres; todos fueron víctimas de esta inusual plaga. La muerte fue ocasionada por diversas causas: Infartos, derrames cerebrales y agotamiento, entre otras.

Se convirtió en un problema muy grave y de índole sanitaria. Las autoridades tomaron cartas en el asunto. Consultando a los expertos para la época, se creyó que este episodio, había que dejarlo que transcurriera y en algún punto todo volvería a la normalidad. Se habilitaron salones completos, se montaron tarimas e incluso se contrataron bailarines y músicos para que acompañaran los episodios.

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El resultado fue algo dantesco; se realizaron “fiestas” mientras los enfermos padecían hasta la muerte. Cada vez que se despertaban nuevos brotes de esta plaga; las personas corrían y comenzaban a tocar música alrededor de ellos, pensando que de esa manera podían calmar, la “fiebre del baile”.

 

 

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Increíblemente este hecho no fue aislado; uno de los primeros brotes documentado, había ocurrido anterior al aquí relatado, en 1374 en Aquisgrán, Alemania. Extendiéndose rápidamente por toda Europa. Aunque nunca (aun hoy), se encontraron curas eficientes y explicaciones de por qué ocurría esta enfermedad; si hubo bastante documentación de los episodios. Incluso hay registros anteriores de episodios similares.  En el año 1020 en Bernung (Alemania), 18 campesinos empezaron espontáneamente a bailar y cantar desenfrenadamente en las cercanías de una iglesia, Causando pánico en los alrededores.

Se han manejado diversas hipótesis. Desde histeria colectiva, hasta envenenamiento por cornezuelo (un hongo que puede afectar hierbas y cereales, el cual puede causar alucinaciones).

 

 

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“Coreomania”, “manía de bailar”, “baile de San Vito”, “Danzamania”. Son los distintos nombres que se la ha catalogado a esta patología. Aunque aún no se tiene una explicación convincente de estos hechos históricos e insólitos, los síntomas descritos se parecen a los de la enfermedad de Huntington conocida popularmente como el mal de San Vito.  John Waller en su libro “A Time to Dance, A Time to Die” (Un tiempo para bailar, un tiempo para morir). Explica, que una serie de hambrunas había precedido los episodios del baile de la muerte; dejando en los ciudadanos,  ansiedad y miedo.

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Fray Pedro de Herental, fue testigo de lo ocurrido y así lo relato:

En esa época… una secta extraña, formada por mujeres y hombres de varias partes de Alemania llegó a Aachen (Aquisgrán) y de ahí siguió hasta Hennegau y a Francia. Su estado era el siguiente. Tanto hombres como mujeres habían sido tan ultrajados por el diablo que bailaban en sus casas, en las iglesias y en las calles, tomados de la mano y saltando en el aire. Mientras bailaban gritaban los nombres de algunos demonios, como Friske y oíros, pero no tenían conciencia de esto ni tampoco prestaban atención al pudor, aunque hubiera otras personas viéndolos.

 

Al final de la danza tenían tales dolores en el pecho que, si sus amigos no los apretaban con trozos de tela enredados en su cintura, gritaban como enloquecidos que se estaban muriendo. En Lieja, los libraron de sus demonios por medio de exorcismos como los que se usan antes del bautismo.

 

Los que se curaron dijeron que les parecía haber estado bailando en un río de sangre y que por eso saltaban continuamente. Pero la gente de Lieja dijo que habían sido atacados de esa manera porque no estaban verdaderamente bautizados, debido a que la mayoría de los curas tenían concubinas. Por esta razón la gente propuso que el pueblo se levantara contra los curas, los matara y tomara sus propiedades, lo que hubiera ocurrido si Dios no hubiera proporcionado un remedio eficaz a través de los exorcismos…”

 

Los bailarines muchas veces cuando llegaban a su límite de agotamiento; se les veían realizar contorsiones increíbles, así como despedir espuma por la boca y mostrar sus ojos en blancos. Una terrible imagen. Sin duda una de las plagas más insólitas de las que se tenga registro.

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¿Bailamos?