Buenos libros que nos dejó el 2017

A ver si nos entendemos. Igual que la música, el cine o cualquier otra cosa, un libro dado no es para todo el mundo, pero también es verdad que hay libros con historias profundas que nos cambian al leerlos.

Veamos algunos de mis favoritos.

El ferrocarril subterráneo de Colson Whitehead.

Ganador del Pulitzer y del National Book Award. La historia de una mujer que escapa de los campos de esclavos a través del legendario sistema de túneles y casas de refugio construido en el sur de Estados Unidos desde principio de los 1800s y permanentemente ampliado hasta mediados del siglo. Los terrores de la época antes de la guerra civil americana, las esperanzas de los esclavos, los esfuerzos de todos aquellos, blancos y negros, que querían ayudarlos, la carrera por la libertad. La metáfora de una vida moviéndose hacia una expectativa que bien pudiera terminar en nada es conmovedora.

Los asesinos de la Flor de Luna por David Grann.

A comienzos de 1920 la nación Osage tuvo un golpe de increíble buena suerte, o tal vez, no fue así. Se descubrió petróleo en sus tierras y de repente los Osage pasaron a ser una tribu de millonarios. Entonces los empezaron a matar. Esta es la historia de la lucha de una joven agente llamado John Edgar Hoover, el padre de lo que se llamaría después FBI, por esclarecer esta terrible tragedia.

Clavícula de Marta Sanz

¿Te duele algo? Si es así deberías leer este libro. Si no te duele nada deberías leer este libro. También lo deberías leer si crees que algo te va a doler en el futuro. ¿Es el dolor la causa o el efecto? ¿Es el dolor producto de la política? El cuerpo es el reflejo del mundo con sus miserias, interrogantes y despropósitos. O tal vez es al revés.

Pachinco por Min Jin Lee

La historia de cuatro generaciones de una familia coreana comenzando durante la ocupación japonesa, pasando por la segunda guerra mundial, hasta la década de los 80s. El autor destaca la vida interna que, detrás de fachadas y apariencias tan disímiles, se ocultan las mismas esperanzas, los mismos deseos y miserias. Lo único que necesitamos para verlos es una mirada compasiva y una reconciliación con la igualdad.