¿Cuál es la verdad de las mentiras?

“Eso es mentira.” Esta es una frase que hemos repetido incontables veces en la vida. Muchas veces también nos la han dicho a nosotros. Las personas que pasan por la vida diciendo únicamente la verdad son muy raras. Decir la verdad es una virtud que expresa una sólida conexión con la realidad. La mentira nace cuando decidimos separarnos de la realidad y disfrazarla con una fachada.

Puede parecernos un mal menor pero es terriblemente dañina. Sino pregúntale a Eva.
También es terriblemente irritante y frustrante para las personas que se relacionan con el mitómano porque la mayoría de las veces esa persona mantendrá la mentira aun cuando le presentes las pruebas de la verdad en la cara.

Un mitómano es un mentiroso compulsivo, miente de una manera irreflexiva, casi que por reflejo. No hay que confundirlo con el mentiroso patológico, este es el psicópata que miente por placer o con fines manipulativos. El mentiroso compulsivo miente porque no tiene, no conoce, otra manera de enfrentar la realidad.

Según algunos expertos la mitomanía no es una enfermedad sino un síntoma, es parte de las consecuencias de algún otro trastorno psicológico más profundo o serio. Por eso es que es tan difícil de tratar cuando el enfoque de la curación es solamente la costumbre de mentir.

El mitómano miente por varias razones. Puede ser que necesite llamar la atención sobre sí, para aumentar su popularidad, despertar admiración entre los demás o victimizarse. Esto está amarrado, la mayoría de las veces, a una autoestima baja o a un sentido de insuficiencia.

También puede mentir tratando de controlar una situación que no le gusta, que para un mitómano son casi todas las situaciones, que le produce ansiedad o en la que no se siente seguro. Este tipo de control no es el control que busca el mentiroso patológico. Aquél busca el control como defensa, éste busca el control como ataque.

Otra razón común para mentir es para ocultar o diluir un fracaso. La mala noticia para ellos es que la mentira prolonga el fracaso porque lo genera. Caen así en un círculo vicioso que lo enmaraña cada vez más.

¿Qué hacer si te toca vivir con uno?

Primero que todo, no le hagas el juego, no te adaptes a la mentira, no le refuerces el mecanismo. La mentira como modo de vida puede degenerar en daño irreparable como divorcios, depresiones crónicas, rechazo de familiares, adicciones, suicidio.

No mientas junto con él, no repitas su error, no apoyes su forma de lidiar con la vida. Con tu ejemplo muéstrale integridad y responsabilidad, enséñale a enfrentar sus problemas y valorar sus decisiones. Ayúdalo a reconocer su problema y convéncelo de ir a terapia. Por último, ten paciencia, hermano, respira hondo y ten mucha paciencia.