3 advertencias

Visualización.

Todos hemos usado esta técnica sicológica para clarificar o definir, hacia dónde queremos ir, cuáles son las metas que deseamos cumplir o para darnos un propósito. Usualmente la usamos para “vernos” completar lo propuesto, para vernos asegurando el éxito, para ver la victoria ya realizada.

Esto no está mal. Pero “vernos” de esta manera puede debilitar nuestra resolución de una forma sutil, ya que estamos dando por hecho que la lucha ya está ganada. Es más eficiente y seguro “vernos” realizando las actividades que nuestra meta requiere para ser una realidad. De esta manera conservamos siempre ante nuestros ojos esa sensación de distancia hasta la meta que nos motiva a seguir adelante.

La voluntad de cambiar.

Cambiar, alterar, la conducta es una de las cosas más difíciles de realizar. Los hábitos tienen su propia dinámica e inercia y a veces son tan pesados como un tren de carga y tan difíciles de detener como uno de ellos.

Creemos que los cambios se producirán cuando estemos listos para hacerlo. Tenemos la sensación de que, poco a poco, esa pequeña, casi muda y tímida resolución nos está “preparando” para llevarnos al cambio que buscamos, en un futuro que “viene por ahí”. Pero esa esperanza de estar siempre muy cerca de estar listos es una ilusión que mantenemos para no incomodarnos demasiado.

El cambio solo se producirá cuando la consecuencia de nuestra acción sea mayor que el valor de nuestro hábito. La verdadera motivación entonces será evidente y la balanza se inclinará al cambio. Por eso se dice que la voluntad en realidad no existe, lo que existe es la motivación apropiada. Cuando ésta llega todo es fácil.

El pensamiento positivo.

La fuerza del pensar positivamente no puede ser descartada. El mantener una actitud positiva es una fuente de energía y dinamismo importante en la vida. Sin embargo hay una sutil trampa en el indiscriminado uso del pensamiento positivo porque éste nos puede llevar a negar una realidad inevitable.

Es útil y loable mantener un espíritu positivo durante una enfermedad, por ejemplo, pero si esto significa negar la enfermedad entonces el optimismo se convierte en ceguera. Llega un momento en el que, por más positivos que seamos, la enfermedad no se irá a ninguna lado. Las enfermedades, la vejez, la muerte, todas son parte de la vida y deben ser aceptadas así.

El aceptar con un espíritu libre y tranquilo lo que no podemos negar no es pesimismo ni fatalidad, es ver lo que es. La energía y la alegría nace del pensamiento positivo, la paz y el gozo nacen del cesar la lucha contra lo que es.