¿Es bueno usar pitillos?

El pitillo es un manso y útil beneficio de la era moderna que nos facilita tanto la vida y que luce tan elegante e higiénico.

Ha estado con nosotros desde hace miles de años aunque fue con el advenimiento del plástico cuando recibió la forma y difusión en su uso que conocemos.

Es universalmente usado porque facilita el consumo de líquidos, se dice que protege los dientes minimizando el contacto de éstos con la comida, nos protege de contagio de enfermedades como gripe, influenza y otras.

Sin embargo muchas de estas ventajas son relativas. Por ejemplo, si es cierto que nos evita el poner en contacto nuestra boca con un vaso que, a lo mejor, no está bien lavado, no evita que el vaso “mal lavado” entre en contacto con el líquido que estamos tomando. No sabemos tampoco quién tocó y puso el pitillo dentro del vaso cuando nos lo presentan servido y listo para tomar.

Sin embargo es parte de la cultura universal, parte del paisaje dondequiera que se sirven bebidas o comidas.

La tan cacareada protección dental no es lo que parece ser. Para lograr tal protección se tendría que poner la pajilla al final de la lengua de manera que el líquido pase del vaso directamente a la garganta y así los dientes no se exponen al contacto con azúcar ni con nada. Pero entonces no serías capaz de saborear la bebida. Nadie coloca el sorbete en la garganta, todos lo ponemos, delicada y elegantemente, en la punta de la lengua y los dientes reciben su baño diario prescrito.

Pero el pitillo (pajilla, sorbete, popote) tiene un lado siniestro.

Créelo o no, los pitillos matan. Los sorbetes son proverbialmente difíciles de reciclar y gran parte de los más de 500 millones que se usan todos los días terminan degradándose como migas en el mar que la fauna marina consume al confundirlas con plancton. Se han encontrado enormes cantidades de partículas de plástico en el estómago de ballenas encalladas.

Muchos esteticistas alrededor del mundo reconocen que la acción diaria de chupar por un sorbete acelera la ruptura de las cadenas de colágeno alrededor de los labios, facilitando así la aparición de arrugas, las mismas, por ejemplo, que despliegan los fumadores.

Otra odiosa y tétrica consecuencia del usar pitillos son los pedos. Y no me refiero a una borrachera. Succión tras succión te vas llenando de gas y éste siempre encuentra la forma de escaparse. A veces cuándo y por donde menos lo esperas.