Cuidado con el agua caliente en la ducha

En días de extremo calor, después de sudar durante toda la jornada, lo que queremos hacer es, naturalmente, tomar una ducha de agua fresca que se lleve todo y nos restituya el equilibrio. Pero cuando hace frío, o cuando el agua parece salida del refrigerador, las ganas de remojarse desaparecen. Sin embargo, hay que bañarse, y es gracias a nuestro amigo, el calentador, que la hora del baño sigue siendo una experiencia agradable.

Ahora bien, el agua muy caliente es una historia interesante, pues puede relajarnos o simplemente gustarnos. Para muchos, ver cómo sale vapor desde el suelo de la ducha es indicio perfecto de que tendremos una sesión satisfactoria. Pero esto puede representar un riesgo para la salud.

No podemos negar que las duchas de agua caliente tienen sus beneficios. Pueden ser relajantes o ser útiles para los dolores en músculos y articulaciones. Y aunque la piel nos diga que se siente bien, ésta puede resecarse, pues el agua muy cliente elimina la llamada bicapa lipídica, que se encarga de lubricarla y otorgarle la textura tersa. También destruye las células superficiales de la dermis. Los poros se dilatan en exceso, así que se exponen más a infecciones. Si en la piel hay una herida, es catastrófico: mata las células regenerativas, altera el suministro de sangre, puede irritar o inflamar la zona y causar comezón. Y según el periódico australiano The Daily Telegraph, mientras más tiempo en el agua caliente, más graves los efectos.

El cuero cabelludo, por su parte, estará liberando más sebo, debido a la estimulación de las glándulas sebáceas. Esto parece no ser un riesgo para la salud, hasta que nos damos cuenta que podría ser el detonante para padecer de caspa. También debilita el cabello, puede resecarlo e incluso perjudicar los folículos del cabello y hacer que comience a caer. Ya durante el baño se pierden más de 50 cabellos, y si el agua está caliente y se debilitan las raíces, el número aumenta notablemente. Por el otro lado, literalmente, las cutículas de los cabellos se abren. Resultado: cabello destruido por la caspa, la alopecia y la horquetilla.

También afecta los órganos internos. Es bien sabido que ralentiza el proceso de digestión, y si el agua es exageradamente caliente, los órganos involucrados se resienten. Preocupa además el corazón, pues se sospecha que las duchas calientes favorezcan los problemas cardíacos. Si el agua proviene del subsuelo, hay un riesgo adicional al sistema respiratorio, ya que calentar demasiado estas aguas puede liberar vapores de tricloroetileno, un agente contaminante común en las aguas de origen profundo, y subproductos de los procesos de cloración semejantes al cloroformo.

Y finalmente, hay envueltos aspectos de la salud mental. El calentador es, por mucho, el que más energía exige entre todo los artefactos domésticos; las facturas altas causan ansiedad y golpean el bolsillo, así que reducir la temperatura del agua ayuda a ahorrar el consumo eléctrico y hacer el pago de las cuentas menos doloroso.

Por todas estas razones, más vale prevenir que quemarse. Basta solo templar el agua fría hasta el punto de dejarla tibia para evitarse todos estos peligros y seguir disfrutando de momentos seguros y saludables de limpieza.