¿Debería usar champú “sin sal”?

Antes era un producto de uso principal de las peluquerías, pero desde hace unos años ha ido popularizándose entre la gente común como un artículo de uso corriente. Es el llamado “champú sin sal”.

Nuestro cabello necesita limpieza y nutrición para estar sano. Lo lógico es valerse del champú para cumplir con ese propósito. En el mercado hay innumerables opciones para el cuidado del cabello, procurando adecuarse a las necesidades de cada persona y hasta ofreciendo toda una línea de cuidado capilar que se extiende con acondicionadores, cremas, mascarillas, ampollas, geles y tintes. Lo que tratan de hacer es preparar el cabello para resistir la incidencia del sol, el trauma en el tejido después de pasar la secadora o la plancha, la rizadora o los crespos, la fricción del peine o cepillo, la acumulación de sudor y la polución.

Sin embargo, la base de tales cuidados sigue siendo el champú, acompañante permanente de la higiene de nuestras cabezas. Los fabricantes del producto suelen agregar sal, o específicamente, sulfato de sodio, que le da consistencia al cosmético y favorecen la formación de la característica espuma suave y espesa que se forma cuando frotamos en el cabello el champú contra el cuero cabelludo mojado. Pero esa sal no es tan nutritiva para el pelo.

No hay que ser cosmetólogo para recordar que las sales son por lo general abrasivas. Con tal fin, el champú sin sal se produce para evitar que dicho componente perjudique algún químico o técnica que haya podido ser aplicado sobre el cabello. Eso también redunda en menor irritación del cuero cabelludo y la disminución del frizz.

A pesar de todo, esto puede que no sea aplicable para todos. Las personas con cabello muy graso, o con cuero cabelludo que sude mucho, puede no convenirles la aplicación de champú sin sal. La falta de espuma impediría cortar correctamente la suciedad y la grasa, y la distribución por el cabello podría dificultarse al no extenderse sobre toda la superficie. Además, el champú sin sal suele ser más costoso que los convencionales.

Para concluir si debemos usar un champú sin sal o uno de acceso común, puede que haga falta pedirle consejo al estilista. También es recomendable tomar en consideración el tipo de cabello y el peinado, los otros productos que apliquemos y las sustancias que estos tengan. Finalmente, puede ser practico experimentar; probar primero con uno y luego el otro tipo de champú puede ser una buena forma de percibir el comportamiento del cosmético, si nos agrada y los efectos que causan en el cabello y la piel.