¿La infidelidad se hereda?

La infidelidad no es un fenómeno tan moderno. Lo que es moderno son los medios de comunicación y la divulgación de los problemas de pareja. La infidelidad, por el contrario, ha existido desde siempre. Y lo que es más, muchos hijos de padres infieles parecen muy propensos a repetir los patrones dejados por sus progenitores. Pero, ¿será que la infidelidad se hereda?

Algunos estudios han demostrado que el comportamiento infiel se puede asociar con una conducta aprendida de otros miembros de la familia. El aprendizaje del niño se relaciona con una actitud de imitación y fijación a los comportamientos de los jefes de la familia, generalmente sus padres.

Pero la verdad no puede ser tan simple ya que la infidelidad tiene en mucho que ver con los patrones sociales a los cuáles pertenece la persona infiel. Cuando hablamos de patrones sociales nos referimos al entorno en el que nace y crece el niño en cuestión. Por ejemplo, en una sociedad machista es de esperar un alto número de infidelidades por parte de los hombres por la actitud permisiva de las instituciones sociales. Se observa como natural que los hombres sean promiscuos, y se le da mucha importancia al rol de mujer “correcta”, que por su comportamiento moral intachable es la base de la familia y el orden en el hogar.

De forma que, aunque puede existir un patrón de infidelidad dentro de las familias, esto no necesariamente responde a herencia. Los investigadores aclaran que tener padres infieles no nos obliga necesariamente a repetir las mismas actitudes y comportamientos. Aunque hay algunos rasgos generales de la personalidad que podrían tener un componente genético, la mayoría de la “herencia” asociada a la infidelidad tiene que ver con elementos de la sociedad e imitaciones de la conducta del jefe de familia.

Podemos recalcar que, aunque los patrones intergeneracionales son importantes en la conducta de infidelidad, también afecta mucho el entorno social que nos rodea y los roles que decidimos copiar. La infidelidad parental al parecer puede causar que los hijos confíen menos en los demás, sobre todo dentro de sus relaciones románticas. Pero hasta ahora, los investigadores no han encontrado ninguna asociación biológica ni genética que explique los hallazgos.

Los mensajes que damos a nuestros hijos desde tierna edad tienen mucho valor. Pueden motivarlos a llevar una relación satisfactoria con sus propios padres y la sociedad, o pueden causar una importante marca que afectará su carácter de manera inconsciente.