Las temperaturas más bajas pueden prevenir o retrasar la muerte

Por muchos años, la ciencia ha tratado de entender por qué envejecemos y morimos, y han llegado a muchas conclusiones. El proceso de envejecimiento celular todavía se encuentra en debate entre científicos y expertos. Sin embargo, la mayoría de las explicaciones sobre el envejecimiento tienen que ver con la biología. Recientemente, también la física ha contribuido a la investigación mostrando que la temperatura puede cambiar algunos aspectos de la longevidad.

Pero, ¿qué tiene que ver la física con el envejecimiento?

Nuestras células son máquinas especializadas, ocurren miles de interacciones al mismo tiempo de una manera controlada. Se transportan materiales, se almacenan otros, se envían señales, se codifican mensajes, entre otras cosas. Todo esto ocurre en un entorno acuoso, en el que las moléculas de agua se encuentran en constante movimiento.

Visto así, parece no haber ningún problema. Sin embargo, tengamos en cuenta que el movimiento de moléculas de agua es constante y en ocasiones violento. ¿Te imaginas una molécula intentando unirse a otra en medio de choques constantes de moléculas de agua? Si lo vemos desde un punto de vista molecular, es impresionante que tantas reacciones se lleven a cabo con tanta precisión en medio del caos turbio que crea el agua. Este efecto se conoce como “movimiento térmico” o pudiéramos llamarlo también “caos térmico”.

A pesar de eso, sin agua no es posible la vida. Lo que es más, las células se valen de los constantes choques y el bombardeo continuo del agua para lograr precisamente los movimientos que necesitan para funcionar. Por así decirlo, convierten el caos en orden y se valen de él para perpetuar la vida.

Sin embargo, las moléculas se mueven más rápido en temperaturas más altas. ¿Será posible que al aumentar el caos térmico también empiecen a aparecer problemas? Esa fue la pregunta que motivó a los científicos a realizar un experimento con gusanos de tierra para ver cuánto tiempo vivían si los sometían a diferentes temperaturas. El experimento demostró que los gusanos de tierra que fueron criados en temperaturas más bajas vivían vidas más largas que los demás.

Es posible que, a una temperatura dada, el calor contribuya a que el caos térmico altere las funciones de la célula en vez de potenciarla. En otras palabras, mientras aumenta la temperatura, el agua se hace más turbia y puede comenzar a alterar la función celular y contribuir al envejecimiento.

Por supuesto, los humanos -o la mayoría de ellos- son muy diferentes a los gusanos de tierra. Pero estos hallazgos y el razonamiento detrás de ellos nos dejan mucho en qué pensar, sobre todo a quienes nos preguntamos por qué envejecemos y morimos.