Todo lo que hace tu cerebro cuando crees que está en silencio

Algunas personas no soportan el silencio. Otros lo necesitan como parte de su día. Independientemente del caso, todos los cerebros funcionan de manera similar, y aunque no tiene todas las respuestas, la ciencia ha podido determinar algunas de las cosas que hacen mientras permanecemos en silencio.

La mayoría de las investigaciones que han revelado algo sobre el silencio, paradójicamente, no han tenido la intención de estudiarlo para empezar. Ocurre como el descubrimiento accidental de la penicilina. Lo que la ciencia sabe actualmente sobre el silencio lo ha podido comprender por datos recogidos accidentalmente en estudios sobre el ruido y la música.

Por dar un ejemplo, en 2006 se hizo un estudio que intentaba conocer los efectos que tienen diferentes tipos de música en el cuerpo. Interesantemente, el estudio demostró que cada tipo de música se relacionaba con un cambio fisiológico diferente, compatible con un estado mental estimulado por el sonido. Pero más interesante fue observar lo que ocurría entre una canción y la siguiente.

Accidentalmente, durante los dos minutos entre una pista y otra las máquinas seguían monitoreando la actividad del cerebro. Los resultados mostraron que en muchas ocasiones esa pausa silenciosa resultaba más relajante que la misma música relajante. Ese espacio en blanco, que no era el objeto de estudio inicial, se convirtió en uno de los hallazgos más interesantes del estudio.

Pero si eso parece interesante, vale mencionar un estudio realizado en el 2013 por la investigadora Imke Kirste. Ella estudió el efecto de la música y el silencio en el cerebro de pequeños ratones. Sus resultados mostraron que 2 horas de silencio al día potenciaban la formación de nuevas células en el hipocampo de los ratones.

Se conoce que las neuronas no se regeneran, sin embargo las células del hipocampo son las únicas capaces de producir neuronas nuevas a un ritmo muy lento. Pues bien, la ausencia de sonido podría ser capaz de acelerar ese ritmo y causar un enriquecimiento neuronal. A raíz de esos hallazgos, se está considerando actualmente el valor del silencio como terapia para algunas condiciones neurológicas como la demencia y la depresión.

Pero, como es de esperarse en la ciencia, lo contrario también es cierto. El silencio es capaz de activar todo tipo de recuerdos sonoros, creando sus propios sonidos. En medio del vacío absoluto, nuestro cerebro es capaz de producir su propia sintonía. Se mantiene activo y dinámico, y muy probablemente es ese el momento que utiliza para meditar en lo que es, el lugar que ocupa en el universo, y demás cuestiones filosóficas que podrían explicar la intolerancia de algunas personas al simple hecho de mantenerse callados.