Fingiendo ser mudo, se quedó mudo realmente

Hay quienes hacen votos de silencio, pero este joven llegó tan lejos con el suyo que perdió realmente la voz. Parece mentira, pero este caso demuestra que sí es posible.

Se trata de Zeng. En 2005, Zeng, quien vive en China, tuvo una fuerte discusión con su tía, es decir, la esposa de su tío, hasta que las cosas se salieron de control y él terminó apuñalándola. Ella murió. Por supuesto, Zeng nunca pagó a su tía los 500 yuanes que le debía.

Entonces comenzó la vida de Zeng como fugitivo. Regresó a su región de origen, al este de la nación. En su ciudad, Hangzhou, provincia de Zhejiang, mendigó haciéndose pasar por mudo, negándose a hablar y usando una identidad falsa.

Sin embargo, siguió viajando y se mudó unos setecientos kilómetros más al norte, a una aldea de la provincia de Anhui. Allá comenzó a trabajar en la construcción, su jefe le presentó a quien sería su esposa, pues se casó por segunda vez, obviamente con su nueva identidad, y tuvo un hijo. Nunca pronunció palabra; manteniendo su secreto, su vida en bajo perfil y las probabilidades de ser reconocido al mínimo.

A mediados de 2017, la policía llevó a cabo requisas en las casas de la aldea. Cuando tocó su turno, Wang, que es como se hacía llamar, no tenía documentación oficial que lo reconociera como tal. En su mutismo y su falta e identidad reconocida, fue examinado por los agentes policiales, quienes tomaron una muestra de su sangre y con ella dieron con su real identidad a través de un examen de ADN. Al reconocer quien era, fue inmediatamente detenido por asesinato.

Luego le fue efectuado un interrogatorio. Durante todo el tiempo que duró, respondió a sus inquisidores a través de notas hechas a mano, incapaz de emitir sonido. Finalmente, la policía le preguntó por la razón que lo llevó a permanecer en absoluto silencio durante los doce años que permaneció como forajido. Zeng contestó que “mientras menos dijera, menos oportunidades tendría de equivocarse”. Mutismo anti-delación.

Se espera su sentencia, pero nadie sabe cuál será, y hay quien ya da por asumido que recibirá la pena de muerte, igual que miles de otros veredictos en China. Un detalle interesante es que, en China, es el mismo condenado quien paga su ejecución. Pero doce años sin usar sus cuerdas vocales hicieron que quedaran inútiles, así que podría decirse que su castigo ya ha comenzado.