No trabajar ni estudiar. La realidad de los hikikomori

Es un fenómeno conocido desde hace mucho tiempo. En Japón, se presentan desde hace varias décadas casos de jóvenes que no salen de sus casas, viviendo como ermitaños. Son los hikikomori. Restringiendo a tratar con solo sus familiares directos, negándose a ir a estudiar o a asistir al empleo, pasan su tiempo dedicados a elementos de la cultura pop tan adorada en el país del sol naciente, estos individuos viven aislados de casi cualquier contacto innecesario con personas que no formen parte de su núcleo cerrado de conocidos. No extraña que vivan en un cuchitril completamente repleto de sus objetos de interés, que para ellos son casi sagrados. Los niveles de depresión en la comunidad son notablemente altos.

Desde hace algunos años, el gobierno nipón ha tratado de ayudar a los ciudadanos que se encuentren en esta situación favoreciendo las condiciones para que estos se integren al mundo laboral llevando a cabo trabajos que se adapten a su realdad de vida. Hasta el 2016, se han censado más de quinientas mil personas. Para ser considerado uno, debe permanecer un mínimo de seis meses encerrado en casa y haber puesto las barreras al contacto con individuos ajenos al círculo familiar. No importa estrato social, desde pobres hasta ricos, en algunos casos hasta profesionales. Se da en ciudades pequeñas, sin embargo las grandes ciudades son el caldo de cultivo ideal para que la rigurosa sociedad japonesa haga presión y los hikikomori aparezcan.

Es cierto que las causas del fenómenos son controversiales y nadie sabe indicar con certeza una razón esclarecedora; por otro lado, el denominador común es que la presión de la sociedad y la cultura sea tan fuerte que estos individuos desistan de acomodarse a un entorno del que nunca han sentido que forman parte. Muchos hikikomori afirman que se convirtieron en uno a raíz de difíciles relaciones personales o de las enormes dificultades para acceder a la universidad o al mundo laboral.

Se informa hasta de familias enteras que se convierten en hikikomoris, pues uno de los miembros cae en esta situación y el resto, avergonzados, tratan de evadir el contacto con el resto de la sociedad con la intención de ocultar el problema. Normalmente, los afectados no ven salida y siente que no tienen a quién acudir por auxilio.

El problema que está alarmando a las autoridades es el siguiente: los casos de jóvenes ha ido en aumento y cada vez más adultos, en especial profesionales, caen en este cuadro. Cada vez son más los hikikomoris que pasan sus vidas en tal condición hasta superar los cuarenta o hasta cincuenta años. La población en Japón está envejeciendo, demográficamente hablando, cosa que ocurre también en muchos otros países desarrollados. Las tasas de natalidad disminuyen. Por tanto, es natural que el gobierno quiera hacer algo con el fin de paliar la situación económica de los afectados y tratar de que sean productivos aunque la sociedad en Japón sea tan exigente.