Selfies peligrosas que terminaron muy mal

Gente sobre un risco. Personas al borde de un precipicio. Sentados en una ventana desde el penthouse de un rascacielos. Montados en una grúa de construcción. Al borde de un muro. Colgando por los brazos desde una viga a varios metros de altura. Al lado de tiburones, leones y demás animales salvajes. Grabando un video mientras son perseguidos por los toros. Todo por esa foto perfecta.

Por supuesto, las fotos bien tomadas son muy bonitas, pueden ser hasta artísticas, y obviamente generan muchos likes en las redes sociales. Esto ha creado fenómenos en los que mucha gente procura tomar fotos similares a unas que haya visto, desafíos en cadena en las que miles de personas se arriesgan a hacer lo mismo o incluso lugares de culto en los que ya es tradición tomarse una selfie. Hay incluso fanáticos de los autorretratos que hacen su peregrinaje hasta dichos sitios en busca de capturar la imagen de moda.

Muchas de estas selfies, llegan a ser hermosas, asombrosas o hasta te roban el aliento, pero pueden ser muy peligrosas. Algunos terminan en el hospital, con heridas graves o discapacitados. Otros incluso mueren. La familia Mackowiak es un ejemplo digno. Michal, un científico de treinta y dos años, y su esposa, Hania, originarios de Polonia, vivían una vida bien acomodada en Portugal. Saltaron las barreras de seguridad y se acercaron a un acantilado con la intención de tomarse una foto panorámica desde Cabo da Roca, una hermosa locación turística del país luso. Dejaron a sus hijos frente a ellos y estiraron su brazo con el paisaje de mar al fondo para fotografiarse, perdieron el equilibrio y cayeron al vacío de ciento cuarenta metros, ante la mirada perpleja de sus niños de seis años ¡Imagine el trauma! Fueron los gritos de los infantes desesperados lo que levantó las alarmas.

Estos acontecimientos trágicos se están haciendo más frecuentes, pero la gente sigue tomando cada vez más riesgos con el único objetivo de obtener más “me gusta” en las redes. Hasta han comenzado a llamar a las muertes por causa de las fotos “selficidios”. En una demostración de vanidad colectiva, las víctimas de este fenómeno van en aumento sin conmocionar a la sociedad ni afectar la opinión pública o la conciencia común. Al momento de comprar una cámara, un selfie stick, un dispositivo go-pro o un teléfono móvil con cámara incorporada, nadie se pregunta qué medidas de seguridad hay que tener en consideración. Tristemente, parece también tener despreocupadas a las autoridades, pues estas atienden emergencias de todo tipo, pero en las causas fatales pueden detallar que “se precipitaron” o “se dispararon por accidente”, pero no es tan fácil, y medicamente es innecesario, explicar que fue intentando tomarse una fotografía extrema.

Vale la pena tomar algo de sensatez y saber que hay circunstancias en que los resultados no justifican los peligros que se corren, mucho menos si la mayor recompensa es una simple imagen digital montada en una plataforma electrónica.