¿Disfrutas del “running”? ¡Cuidado con las endorfinas!

Cierto joven de 18 años necesitaba “abarcar distancias cada vez más largas para satisfacer sus ansias de correr”, de acuerdo al periódico alemán Süddeutsche Zeitung. A las dos de la mañana y de nuevo a las seis, corría “unos 24 kilómetros y volvía a acostarse, descansado y contento”. El caso es que este no es un evento aislado, pues científicos de varios países han examinando a corredores que son adictos a las endorfinas. ¿Cómo se origina tal adicción?

¿Qué son las endorfinas?

Los investigadores han descubierto que cuando se realiza un esfuerzo físico prolongado, se forman endorfinas en los nervios de los músculos. Las endorfinas son narcóticos endógenos (originados dentro del organismo) que producen una sensación de bienestar; en el caso de los corredores, esta se convierte a veces en un estado de euforia.

Composición química de las endorfinas

Wildor Hollmann, presidente de una asociación internacional que realiza estudios en el campo de la medicina deportiva, afirma: “Por mucho tiempo fue objeto de discusión la posibilidad de que estos derivados de la morfina crearan adicción. Ahora es un hecho demostrado”. En consecuencia, parece que correr distancias excesivamente largas o efectuar cualquier otro tipo de ejercicio desmesurado entraña un riesgo.

¿Cuál es el peligro?

El joven Maratón se desploma al dar noticias de la batalla

Tal vez recuerde la historia del mensajero griego que corrió desde Maratón hasta Atenas ha-ce unos dos mil quinientos años. Según la leyenda, se desplomó muerto tan pronto como comunicó la noticia de la victoria de los griegos sobre los persas. Los investigadores consideran este relato un ejemplo del efecto de las endorfinas en los músculos. Dicen que los períodos largos de actividad extenuante pueden producir la muerte por paro cardíaco, porque las endorfinas disminuyen la percepción del dolor.
Por ejemplo, en circunstancias normales, el corredor notaría un dolor fuerte en el pecho y se detendría, lo cual, según los especialistas, permite en la mayoría de los casos que el corazón recupere el ritmo habitual. Pero cuando se realiza un esfuerzo físico extremado, las endorfinas reducen la percepción del dolor y el corredor no capta las señales que el cuerpo le envía. Las consecuencias pueden ser fatales.

¿Cómo evitamos el peligro?


Por otra parte, la práctica de ejercicio moderado es sana, y las endorfinas liberadas en esas condiciones parecen tener un buen efecto. Una mujer que corre con regularidad explica: “Antes tomaba medicamentos cuando estaba de mal humor; ahora salgo a correr”. En efecto, caminar deprisa o correr puede ayudar a la persona a eliminar, o al menos controlar, la depresión. Por lo visto, las endorfinas contribuyen a ello. El ejercicio físico resulta peligroso solo cuando es excesivo. De modo que, si eres un “runner” apasionado, ¡Presta atención a las señales de tu cuerpo!