Ropa interior medieval. Entérate como era

Aunque parezca mentira no se sabe mucho acerca de lo que usaban las personas por debajo de su ropa de calle en aquella época cuando las brujas eran reales y los gatos seres diabólicos. Es muy poca la evidencia suministrada por la arqueología y si tenemos alguna idea de cómo eran esas prendas íntimas es gracias al arte.

Quizás nos imaginemos unas confecciones raras, feas, incómodas o estrafalarias, producto de una concepción de la vida atrasada. Pero el ser humano no ha cambiado mucho desde entonces. Tenemos otra manera de ver la vida y a nosotros mismos, tenemos otras expectativas y esperanzas, diferentes problemas y retos, pero hay algo en lo que no hemos cambiado, nos gusta estar cómodos y si tenemos que estar vestidos la mayor parte del tiempo es lógico desear que la ropa sea cómoda.

Este mismo principio era igual de actual en la edad media.

La ropa interior medieval estaba hecha de lino o lana. No había reglas universales y el fenómeno de la moda era bastante vago, no había marcas ni estilos que marcaran una pauta.

Por el lado masculino la prenda básica era el taparrabo, un pedazo de tela anudado alrededor de las caderas y los genitales.

Por encima de éste se usaba un pantalón ancho atado a la cintura, que podía cubrir desde medio muslo hasta media pantorrilla. En algunos casos se puede decir que este pantalón era la pieza básica y la presencia del taparrabo era opcional. Los hombres lo usaban siempre y frecuentemente trabajaban, en campos y fábricas, con ese pantalón.

De las mujeres no se sabe casi nada acerca de su prenda básica. Tal vez no usaban nada porque no lo necesitaban. Ellas tenían una ventaja, vestidos hasta el tobillo, pesados y gruesos, que obviaban el uso de algo más por debajo exceptuando los días cuando la luna las visitaba.

Hombres y mujeres usaban medias. También eran de largo variable y estaban hechas de dos pedazos de tela cosidos. Podían o no incluir el pie. Los hombres con frecuencia las unían a los pantalones interiores. Era una de las piezas favoritas de los caballeros en armadura porque aislaban la pierna del contacto con el metal.

Por encima de todo esto se usaban las túnicas. En los hombres se parecían a una camisa extra larga que llegaba hasta la parte baja de la cadera. En las mujeres alcanzaba el tobillo.

Los sostenes no existían aún. Las mujeres se cubrían los pechos con una simple banda de tela más por comodidad, para darles soporte,  que por necesidad.

Mención especial hay que darle a la bragueta, una pieza de tejido que cubría los genitales masculinos entre la túnica y las medias. Con el tiempo se transformó en una pieza decorativa que realzaba la condición social del tipo.