¿Tú sabes por qué usamos pantalones y no falditas?

El hombre no siempre usó pantalón, la mayor parte de nuestra historia nos vio vestidos con túnicas, togas o faldas. En algún momento los hombres cambiamos a los pantalones y no fue sino hasta mediados del siglo XX que las mujeres comenzaron a usarlo libremente.

Hay varias teorías que tratan de explicar ese cambio y una de las más probables recibió un buen impulso recientemente desde China. Cuando no. China siempre se ha caracterizado por sorprendernos exponiendo a la luz los orígenes de tantas cosas que damos ahora por sentadas.

Hace poco se descubrieron los pantalones más viejos jamás encontrados en una excavación antropológica, con una edad calculada en más de 3000 años. Están hechos de retazos de lana cosidos y junto a ellos se encontraron armas y aparejos de cabalgadura y caza.

Es este complemento de artículos que la excavación arrojó lo que llevó a pensar en la probable causa del cambio de vestimenta. Es obvio que el dueño de esta ropa estaba familiarizado con los caballos y su uso en la guerra y otras actividades. De aquí que se puede pensar en un vínculo entre el montar caballos y el uso del pantalón.

A nosotros nos parece lógico. El pantalón es mucho más cómodo para montar a caballo puesto que facilita las maniobras y protege mucho más eficientemente contra la abrasión de la parte interna de la pierna, inevitable en largas horas encima del caballo. Además el pantalón resguarda mejor del clima adverso, tanto si es un clima frío como contra las quemaduras por exposición prolongada al sol.

En este sentido Europa se quedó atrás en la evolución de la ropa masculina. La cultura griega y romana estimaba en bueno el uso de la túnica y consideraba que el pantalón era una marca de barbarie, propio solamente de hunos, vándalos y mongoles.

Sin embargo fue la guerra lo que hizo que su punto de vista cambiara. Los griegos no eran buenos cabalgando y fue Filipo II (padre de Alejandro Magno), un macedonio, quién les enseñó cómo usarlos eficientemente en masa aplastando a los espartanos como hierba. Los romanos basaron su imperio en la fuerza y disciplina de sus legiones, especialmente la infantería. Sin embargo no tardaron mucho en reconocer la importancia del caballo y terminaron por adoptar la vestimenta mejor asociada al animal.

Desde allí no fue difícil para el pantalón el convertirse en un símbolo de valentía, arrojo, vida activa y una disposición a defender lo que era valioso e importante. Un hombre con pantalones era un hombre que infundía respeto y autoridad. La mujer, inevitablemente, se quedó atrás en este sentido porque no se esperaba de ella nada parecido a lo que el hombre hacía.

El pantalón era de los hombres. Y allí nos quedamos. Hasta que llegó Coco Chanel.