La niña que sueña despierta sin parar

Daya Bharj comenzó a jugar con su imaginación a los 5 años. Y después de más de 13 años no ha parado de hacerlo. Ella piensa que no tiene por qué hacerlo.

Un día, por alguna razón, se sintió aburrida jugando con sus amiguitos y decidió jugar ella sola. Se echó en un sofá y comenzó a tejer una historia en su mente. Ese primer ensueño duró dos horas.

Se creó personajes, niños como ella, se inventó una trama (forzosamente bastante sencilla) basada a groso modo en la historia de Peter Pan. Su personaje principal lo llamo Light, un niño de pelo blanco al que comenzó a visualizar en situaciones divertidas.

Esas dos horas fueron tan solo el principio. La historia de su ensueño continuó haciéndose más compleja en la medida en que Daya crecía y ganaba en experiencia. Muchas situaciones reales terminaban siendo incorporadas en el ensueño como también lo que veía en televisión y cine o lo que leía en libros. Su familia pensaba que dormía mientras Daya vivía sus largas sesiones de ensueño.

Uno de sus métodos favoritos es oír música y usarla como trasfondo para las aventuras de Light, acoplando la armonía de la canción con los sucesos del ensueño.

En la medida que su ensueño se volvía más complejo el tiempo que invertía en ello se hizo más extenso y entonces comenzaron los problemas. El ensueño se convirtió en una espada de dos filos. Por un lado le robaba la atención que debía poner en sus estudios, hasta tal punto que a veces se escapaba para irse a un parque y pasar el día soñando despierta. Le gustaba especialmente inventarle aventuras a Light y a los otros personajes mientras jugaba con los columpios.

Pero por otro lado el mundo de aventuras en el que vivía la ayudó mucho a superar el bullying del que fue víctima en la escuela. Ese mundo complementaba lo que le faltaba al que ella veía a su alrededor.

Cuando a los 17 años comenzó a narrar los ensueños en voz alta su padres comenzaron a preocuparse en serio. Para Daya su ensueño proveía lo que la vida de todos los días no podía.

Fue llevada con especialistas y se le diagnosticó con lo que se conoce como un desorden de ensoñación mal adaptada. Aunque no está oficialmente aceptada como enfermedad mental muchos médicos comienzan a reconocerla y estudiarla.

En 2002 un grupo de personas víctimas de abuso pasaban más de 8 horas al día soñando despiertas. No todos los que padecen de esta condición son víctimas de abuso, Daya misma no lo es, pero pueden pasar hasta el 60% de su tiempo ensoñando.

¿Cuándo se es demasiado viejo para tener amigos invisibles? Daya sabe que su mundo de ensueño no es real. Pero definitivamente no quiere que termine.