¿Quieres ganar dinero quedándote en la cama?

Como te parece. El reloj despertador suena, abres los ojos, bostezas, estiras todo el cuerpo, te rascas la barriga y estiras el brazo para parar la alarma. Y luego te quedas en la cama. Comienza tu día de trabajo.

Eso es lo que hacen los almohadanautas, hombres y mujeres que la NASA contrata para dormir, para quedarse en la cama y no hacer nada. Digo, relativamente hablando. NASA es quién hace todo lo demás.

Digo relativamente hablando porque lo que se te pide hacer en estos trabajitos no es fácil y hasta puede decirse que es bien pesado. Quedarse en cama, cuando el mundo entero espera que te levantes a trabajar, es una de las cosas más satisfactorias a nuestro alcance, pero tener que quedarse en cama cuando quieres levantarte es una tortura. Las reglas son bien estrictas, como lo verás ahorita.

NASA quiere saber cómo se comporta el cuerpo en condiciones de inmovilidad prolongada, tal como las que se experimentarían en un viaje espacial de largo alcance. O de medio alcance en realidad, estamos muy lejos de poder salir del Sistema Solar. La meta es, por ahora, un modesto viajecito a Marte.

Por eso NASA conduce este estudio científico que, como todo estudio de ese tipo, está sumamente regulado, comenzando por quedarte en cama durante 120 días continuos. ¡Aja! Vi tu expresión. Ya la cosa no suena tan divertida, ¿no?

Esto es sólo el comienzo. Te quedas en cama pero duermes sólo dentro de los horarios que te dan. Despiertas a las 6 de la mañana y puedes dormir otra vez a las 10 de la noche. Nada de siestas en el medio, no puedes quedarte leyendo después de la campana. No puedes fumar, ni tomar café, ni licor.

En cuanto a la comida las medidas son draconianas. No tienes chance de elegir ni el color del plato. El menú es estricto, súper controlado, invariable, y horrible. ¿Te gusta la comida de hospital? Eso es delicioso en comparación. Tienes que comer exactamente lo que te dan. Ni más ni menos. No existe el “no me gusta”, tampoco el “es que hoy no tengo mucho apetito”, o “yo no como mucho de esto”. Comes lo que te dan y no puedes dejar residuos con la excusa de que “me llené”. Tampoco puedes comerte la bolsita de papitas que pudiste esconder debajo de la almohada.

¿Visitas conyugales? Que optimista. Tienes más chance de eso en un submarino en medio del Pacífico.

¿Crees que vale la pena todo esto por unos 10$ la hora?

Todo sea por la ciencia.