El hombre que colecciona objetos radioactivos

Si te dicen que a tu izquierda hay radiación tú huyes inmediatamente hacia la derecha. Yo haría lo mismo. Pero este hombre hace lo contrario, él busca la radiación, él busca cosas radioactivas, a veces para adquirirlos y guardarlos, a veces simplemente para registrar su existencia.

Andrew Walker está fascinado con la radiación y con la manera cómo este fenómeno natural está presente inextricablemente en nuestra vida, formando parte de una cultura y de una manera de ver el mundo y nuestro lugar en él, desde que el hombre aprendió a liberarla de sus confines microscópicos.

Andrew no es un científico, su campo de trabajo es la industria cinematográfica pero un día decidió que le gustaría saber la intensidad de la radiación a su alrededor. Se compró un sencillo medidor geiger y comenzó su exploración. Su primer encuentro con la señora radiación fue sorpresivo y definitivo. Fue a cenar a un restaurante en la zona de Idaho, Estados Unidos, donde vivía y, para su sorpresa, al apearse del carro encontró una lectura más alta que el promedio, pero no pudo hallar un objeto particular, sino que todo el estacionamiento del restaurant era radioactivo, no a un nivel peligroso, pero sin duda más alto que lo que se espera.

Se dio cuenta de que el fenómeno nos rodea sin que seamos conscientes de ello. La descomposición de los elementos radioactivos, fuente de la radiación, es un proceso natural y omnipresente. Incluso el cuerpo humano emite radiación debido a la presencia en nosotros de isótopo potasio-40.

Muy pronto Andrew descubrió un mundo radioactivo y quedó enganchado con ese sentimiento que te produce el saber por ti mismo y no simplemente porque alguien te lo dice.

Una de las sorpresas fue el concreto, ese ubicuo material de construcción. En algunos sitios y por algún tiempo, mucho del concreto que se usó liberalmente fue hecho con arenas que contienen uranio o radio.

Y los asombros continuaron. En las tiendas de anticuarios halló un supermercado de cosas radioactivas. Piezas de cocina de cristal son sus favoritas, las de color amarillo y especialmente las de color anaranjado rojizo, fueron hechas con vidrio coloreado con pigmentos de uranio. Andrew no recomienda usarlas para comer pero está bien si las usas de adorno. Relojes con la esfera fosforescente y baldosas coloreadas con pigmentos radioactivos.

Muchos artículos venían de una época, a finales de los 1800´s,  cuando el fenómeno de la radiación no era comprendido del todo y se creó una tendencia de mercado alrededor de ella, desarrollando productos comerciales radioactivos de beneficio “total”. Cremas dentales, supositorios para curar la impotencia, condones, todo esto se suponía contribuía a mejorar la salud por medio de esa misteriosa energía.

Hoy en día esto escandalizaría a todos nosotros pero Andrew piensa que hay mucho de exageración y mito alrededor de la radiación. La polución mata mucha más gente en un año y nadie se vuelve histérico con ella.