Surströmming: ¡Lo peor o lo mejor que hayas probado en tu vida!

Todos sabemos que tanto el licor, como otros alimentos que consumimos son producto de la fermentación. Pero es obvio no todos aceptan ese tipo de proceso. Entre esos alimentos que tal vez no imaginaríamos fermentados estaría el pescado, ¿cierto? Pues bien, ¡alguien no se los ha dicho con suficiente claridad a los suecos! Te presentamos al Surströmming.

Un poco de historia

En el siglo XVI, Suecia libró una guerra contra la ciudad alemana de Lübeck. Como esta controlaba el mar, a los suecos se les hacía difícil importar artículos, y empezó a escasearles la sal. Cada vez había menos sal para conservar el arenque, que era un alimento básico en el norte del país. A fin de economizar, alguien puso una cantidad insuficiente de sal en un barril de arenque, lo que impidió que se completara el proceso de conservación, y el pescado comenzó a heder. La conclusión obvia era que estaba podrido.


Pero el hambre no les dejaba muchas opciones, así que se lo comieron. Para sorpresa general, no sabía a podrido ni mucho menos; a algunos incluso les encantó el sabor moderadamente agrio. El pescado no estaba podrido, sino “fermentado.” La noticia de este nuevo plato se esparció y, como la sal era cara incluso en tiempos de paz, la fermentación se convirtió en una manera común de conservar el arenque entre la gente pobre del norte de Suecia, donde era difícil obtener alimentos frescos.

El plato del fuerte olor

Pese a su olor, el surströmming se sirve en banquetes y se considera una delicia. Invitar a unos amigos a comer surströmming es, más bien, un acontecimiento social. Su popularidad se ha extendido por toda Suecia, si bien el principal lugar de consumo sigue siendo la parte de la costa noreste llamada la Costa Alta.


El plato constituye todavía un fenómeno muy sueco. Pocas personas de fuera del país han oído hablar del surströmming o lo han probado. Los extranjeros desprevenidos a quienes se invita a degustar este “manjar” se llevan inevitablemente dos fuertes impresiones.
La primera viene cuando se abre la lata y empieza a esparcirse el olor. Los forasteros concluyen, lógicamente, que el alimento se ha echado a perder y que el anfitrión lo va a tirar a la basura y les va a servir otro plato. Entonces viene la segunda impresión: el anfitrión y los demás invitados empiezan a comerse el fétido pescado y, al parecer, con gran deleite.


Los suecos mismos están divididos al respecto. El plato no deja a nadie indiferente: a quien lo prueba, o le encanta, o le repele. Anders Sparman, médico de mediados del siglo XVII que servía en la corte de la reina Cristina, escribió que el surströmming olía a excremento fresco. En cambio, el famoso botánico sueco del siglo XVIII Carlos de Linneo lo alabó y hasta incluyó algunas recetas prácticas en sus escritos. Muchos suecos que viven fuera de su país dicen que una de las cosas que más añoran es el surströmming.


¿Y tú? Después de leer estas líneas… ¿Te apetece probar este fétido manjar?