¿Quieres una Matrioska? ¡Vaya muñeca!

Casi todos los turistas que la ven se resuelven de inmediato a llevarla consigo sin reparar mucho en el costo. Tal vez sea porque ha estado de moda. En realidad, no se sabe a ciencia cierta ni de dónde procede ni quiénes fueron sus verdaderos padres. Hay dos versiones.

¿De dónde viene en realidad?


Algunos sitúan su origen en la isla japonesa de Honshu, donde, según afirman, era un juguete peculiar formado por varias piezas acoplables. Dicen que a finales del siglo XIX la esposa de un mecenas ruso llamado Savva I. Mamontov (1841-1918) la trajo a Rusia. Por otro lado, de acuerdo con algunos japoneses, fue un monje ruso el que llevó a Japón la idea de convertirla en una muñeca excepcional. Prescindiendo de dónde se haya originado la idea, hizo fortuna entre los artesanos rusos, de cuyas manos nacería Matrioska.


Un pintor llamado Serguéi Malyutin hizo los primeros diseños, en los que le dio un aspecto algo diferente del actual. Era una joven campesina de rostro redondo y ojos radiantes, ataviada con un sarafan (vestido de tirantes largo) y un colorido pañuelo que dejaba entrever mi lacio cabello repeinado. En su interior colocaban otra figura más pequeña, y en esta otra, y así sucesivamente. Las demás muñecas llevaban diferentes prendas, como kosovorotkas (blusas abotonadas a un lado), camisas, poddyovkas (abrigos de hombre) y delantales. Los diseños de Malyutin muestran la apariencia que se le dio originalmente en Moscú alrededor de 1891.

¿Por qué su nombre?


A finales del siglo XIX, uno de los nombres de mujer más populares en Rusia era Matriona (cuyo diminutivo es Matrioska). El nombre se deriva de la palabra latina matrona, que ha pasado al español conservando el significado de “dama respetable” o “madre de familia”. Colocar una figura dentro de otra era también un símbolo claro de fertilidad y perpetuación.

No es fácil de hacer


Se requiere mucha pericia para fabricarla. En primer lugar, es importante escoger el tipo adecuado de madera. Normalmente se elige la de tilo por su textura blanda, y, con menor frecuencia, la de aliso o abedul. Una vez cortados los árboles, por lo general a principios de la primavera, se les quita casi toda la corteza. Solo se les deja la necesaria para que no se agrieten durante los años que permanecerán apilados con una buena ventilación a fin de que se sequen.


La madera que se utilice no debe estar ni muy seca ni muy verde. Solo un experto puede determinar cuándo es el momento idóneo de cortarla. Cada pieza tiene que pasar por un proceso que puede constar de hasta quince pasos. El artesano comienza por la muñeca más pequeña de la serie, que es indivisible. A veces tiene un tamaño tan reducido que hay que aguzar la vista o incluso usar una lupa para verla claramente.


El juego de muñecas puede contener de dos a sesenta unidades. La más grande alcanza a veces la altura de su hacedor. Al acabar cada muñeca, se la cubre con una cola feculenta que rellena cualquier hueco de la superficie. Tras el secado final, se pule el exterior para que la pintura se extienda mejor. La última fase, la decoración, dará a la muñeca su estilo inimitable.