¿Sabes cómo manipular el pollo en tu cocina?

Esta no es una pregunta retórica, es una cuestión de alto valor práctico porque descubrirás que un hay un par de cosas que se dan por sentado cuando se trata de almacenar y preparar pollo en casa.

No hace falta añadir nada a la popularidad y virtudes de la carne de pollo. Supongo que habrá por aquí y allá personas a las que no les gusta el pollo, otras no lo pueden consumir por una u otra razón médica. A veces, dependiendo de varios factores económicos, es más caro que la carne de otros animales. Pero es cierto que es una de las alimentos más populares del mundo, en carnes, sólo el puerco le gana.

En comparación con las carnes vacunas o porcinas todo el mundo piensa que su manejo es mucho más delicado por aquello de la salmonela y demás. Y tienen razón, los descuidos en el almacenamiento de carnes de pollo por lo general se pagan mucho más caros. Yo no voy a decirte que bajes la guardia ni un ápice. Sigue haciendo lo que has estado haciendo y que te ha dado resultado hasta ahora.

Pero hay un par de cositas que probablemente no has analizado o no has recibido la información pertinente sobre ellas.

La primera tiene que ver con el lugar de la nevera que le dedicas al pollo. A menos que esté congelado el pollo es una carne muy “húmeda”, contiene gran cantidad de agua. Esa es una de las razones por la que su textura es más suave que las otras carnes. Esta humedad rezuma con mucha facilidad, por lo tanto, cuida de guardar el pollo en tu nevera en el estante más bajo de la misma. Haciéndolo así evitas o minimizas la posible contaminación cruzada de otros alimentos que queden por debajo del pollo.

El segundo detalle se refiere al momento cuando, ya fuera de la nevera, te preparas a cortarlo. No lo laves primero. Si el pollo ha generado una delgada capa de bacteria en su superficie, el lavarlo incrementa grandemente la posibilidad de esparcir las bacterias a otros alimentos o lugares de la cocina por medio de las pequeñas gotitas de agua que salpican del pollo.

Si quieres eliminar la humedad superficial o deshacerte de esa delgada lámina de baba que pueda tener, lugar de habitación de bacterias, sécalo con una toalla de papel o comienza a cocinarlo directamente y deja que el fuego haga el trabajo.