Zenobia de Palmira: ¡La mujer que se rebeló contra Roma!

Las mujeres, nunca se dejará de hablar de la huella que muchas de ellas dejaron en la historia. Pero no solo por las vejaciones y descrédito a las que han sido sometidas a lo largo del tiempo. También las hay que fueron brillantemente notables. De esta reina guerrera se dijo que era más inteligente que Cleopatra y quizá igual de hermosa. Se le describe como una mujer de tez aceitunada, dientes de color blanco perlado y ojos negros y brillantes. Era culta, y dominaba varios idiomas. Por atreverse a levantarse contra la potencia mundial dominante de su día, los escritores la loaron y los pintores la idealizaron.

Una ciudad en los límites del desierto


Dado que esta ciudad de palmeras estaba situada en una importante ruta comercial que conectaba Roma con Mesopotamia y el Oriente, por ella pasaban las riquezas comerciales del mundo antiguo: especias de las Indias orientales, seda de China y otros artículos de Persia, la Baja Mesopotamia y los países mediterráneos. Roma dependía de la importación de esos productos.

Un noble palmiriano de nombre Odenato, el esposo de Zenobia, llegó, en el año 258 E.C., al rango de cónsul de Roma debido a sus campañas triunfales contra Persia y por haber extendido las fronteras del Imperio romano hasta Mesopotamia. Zenobia desempeñó un papel importante en el acceso de su esposo al poder. El historiador Edward Gibbon escribió: “Los aciertos de Odenato fueron en gran parte debidos a tanta cordura y fortaleza [de Zenobia]”.

Zenobia aspira a crear un imperio

En el año 267, cuando se hallaba en la cúspide de su carrera, Odenato fue asesinado junto con su heredero, supuestamente por un sobrino vengativo. Zenobia asumió el puesto de su esposo, pues su hijo era muy joven. Esta mujer hermosa, ambiciosa, administradora capaz y políglota, que además estaba habituada a salir de campaña con su difunto esposo, logró ganarse el respeto y el apoyo de sus súbditos, una proeza nada desdeñable entre los beduinos. Zenobia era amante del saber, por lo que se rodeó de intelectuales. Uno de sus consejeros fue el filósofo y retórico Casio Longino, de quien se decía que era “una biblioteca viviente y un museo andante”. El escritor Stoneman señala: “Durante los cinco años posteriores a la muerte de Odenato […], Zenobia logró que su pueblo la viera como la señora del Oriente”.


Un emperador ‘despierta su corazón’ contra Zenobia

En el año 270, Aureliano se convirtió en emperador de Roma. Sus legiones lograron repeler y castigar a los bárbaros del norte. En 271, Aureliano envió algunas de sus fuerzas directamente a Egipto y condujo al grueso de su ejército hacia el este a través de Asia Menor.


Algunos meses después que Aureliano tomó Palmira, sus habitantes asesinaron a la guarnición romana que el emperador había dejado en la ciudad. Cuando las noticias de la revuelta llegaron a oídos de Aureliano, ordenó de inmediato a los soldados volver sobre sus pasos, y en esa ocasión su venganza sobre la población fue terrible. Los que escaparon de la despiadada matanza fueron hechos esclavos. La orgullosa ciudad fue saqueada y asolada por completo.

El legado de Zenobia


Cuando el emperador Aureliano regresó a Roma tras derrotar a Zenobia, la reina de Palmira, construyó un templo al sol. En él colocó las estatuas del dios sol que se había llevado de la ciudad de Palmira. La revista History Today dice lo siguiente sobre lo que ocurrió después: “La acción de Aureliano que mayor repercusión tuvo tal vez fue la instauración, en el año 274 d. de C., de la fiesta anual del sol, que caía en el solsticio de invierno, el 25 de diciembre. Cuando el imperio se hizo cristiano, el nacimiento de Cristo se transfirió a esa fecha para que las personas a las que les gustaban las fiestas antiguas encontraran más aceptable la nueva religión. Es curioso pensar que en última instancia es a la emperatriz Zenobia a quien se debe el que […] [la gente] celebre la Navidad.”