Dejó de ir al baño, voluntariamente, por 47 días… ¿qué crees que le pasó?

Estoy seguro que al leer el título del artículo meneaste la cabeza y te preguntaste que rayos estaba pensando el tipo. Es difícil de imaginar una razón por la que nadie se negaría a defecar por más de un mes.

Tienes razón, es estúpido en el mejor de los casos. Es suicidio en el peor. ¿Quién era y qué quería conseguir?

Era Lamarr Chambers y no quería ir a la cárcel.

El sr. Chambers estaba implicado en un caso de tráfico de drogas y lo acusaban de traficar y de ocultar evidencia por el directo y radical método de tragarse esa evidencia que lo hubiera puesto directamente en prisión.

Aparentemente, cuando Chambers se vio atrapado se tragó la mercancía. Los agentes lo detuvieron con la esperanza de encontrar lo que buscaban cuando el sospechoso fuera al baño. Chambers se negó a colaborar. Dejó de comer y cuando las ganas le tocaban la puerta se negaba a abrírselas. De manera que se estableció una competencia de paciencia y resistencia. Los policías esperando y Chambers aguantando.

 

Y Chambers ganó. Después de 47 días de esperar por el paquete incriminador la policía retiró los cargos. Chambers salió libre y fue hospitalizado inmediatamente.

Según la ciencia médica del pupú es posible, de vez en cuando y por motivos realmente válidos, negarse a defecar voluntariamente. Pero si esto se hace una costumbre las heces a las que no se les da salida forman lo que se conoce como una bola fecal dentro del intestino, una masa dura, sólida, que eventualmente obstruirá el colon.

La incomodidad que esto produce es solo el comienzo de los problemas. Una bola fecal puede generar úlceras intestinales, muy incómodas y dolorosas. Además es probable que produzca lesiones en el tejido del intestino y del ano llamadas fisuras, muy difíciles de cicatrizar y con un riesgo permanente de infecciones. También puede restringir el flujo de sangre en toda la zona.

Por si esto fuera poco, una bola fecal puede provocar distensión del tejido anal haciendo que pierda su forma y funcionalidad ya que ésta última depende directamente de aquélla, situación que podría llegar a ser permanente, más allá del alcance restaurativo de ciertas terapias que los médicos han diseñado para tratar casos moderados del problema.

Ni siquiera el alivio final, el tan negado e impedido descargo de todo lo acumulado, te garantiza consuelo inmediato. Muchas personas sufren un sentimiento general de incomodidad mientras el recto y colon regresan a su forma y estado anterior.

Recuerda, el pupú tiene prioridad y si no vas regularmente, por lo menos una vez al día, piensa que puedes estar acunando una bola fecal adentro. Tú no quieres eso.