El sentido del humor ¿Cómo nos ayuda?

¿Recuerdas a Patch Adams? Él no es la única persona que ha descubierto el secreto del buen humor y de la actitud positiva para lidiar con problemas de salud. La medicina moderna también ha empezado a reconocer su valor en nuestra lucha contra el dolor y la enfermedad.


Beneficioso para mente y cuerpo

Ahora bien, el concepto no es nada nuevo. El rey Salomón escribió tres milenios atrás: “El corazón alegre es una excelente medicina” (Proverbios 17:22, Straubinger). Y Lope de Vega, escritor español del siglo XVII, apuntó: “Si humor gastar pudiera, con más salud sospecho que viviera”. Lo lamentable es que, por lo que se ve, en el agitado mundo de hoy la gente prefiere guardarse el buen humor a gastarlo. Es como si viviéramos en la aurora de la tecnología y en el ocaso del sentido del humor.

El buen sentido del humor ayuda a los pacientes a pensar, sentir y actuar de forma más positiva. Según un artículo reciente escrito por el doctor Jaime Sanz-Ortiz, oncólogo y especialista en medicina paliativa, el buen humor contribuye a “facilitar la comunicación, potenciar la inmunidad, aliviar el dolor, [reducir] la ansiedad, relajar la tensión psíquica y muscular, inspirar la creatividad y mantener la esperanza”.

¿Por qué funciona como remedio?


Porque nos permite afrontar con optimismo cualquier situación, aun cuando nos hallemos en circunstancias desfavorables. “Incorporar el humor y la risa a nuestra labor diaria mantiene el espíritu [con] energía, nos hace aliviar la fatiga y dejar de autocompadecernos”, afirma Sanz-Ortiz.

Naturalmente, las cosas que hacen sonreír o producen risa difieren de una persona a otra y de una cultura a otra. La explicación, señala Sanz-Ortiz, es que, “al igual que la belleza está en los ojos de los que la ven, el humor se halla en la mente de quien lo percibe”. Ahora bien, sin importar nuestros antecedentes o la educación que hayamos recibido, un buen sentido del humor suele ser un medio eficaz de comunicación y una válvula de escape útil para liberar la ansiedad, la tensión o los sentimientos de inseguridad. En vista de todo lo que logra, ¿qué podemos hacer para cultivarlo?

 

En primer lugar, no centrarnos en nuestros problemas o en nuestra enfermedad, sino buscarle el lado positivo a cada instante de la vida. Luego, debemos hacer el esfuerzo de pensar racionalmente, rechazando ideas distorsionadas o absurdas que solo agravan nuestra difícil situación. También podemos aprender a mirar las cosas desde un ángulo distinto. No hace falta estar siempre sonriendo o riéndose; los inconvenientes se sobrellevan mejor con verles el lado gracioso.

El sentido del humor “aparta momentáneamente nuestra atención de las preocupaciones y da una perspectiva nueva al problema […], [permitiéndonos] afrontarlo con recursos renovados”, afirma Sanz-Ortiz.


Está claro que el buen sentido del humor no es un antídoto contra cualquier crisis que surja en la vida, no obstante, ayuda a hacer frente a los problemas de una manera más optimista y equilibrada.