Té o café… ¿Cuál es mejor?

Café para despertar. Té para relajar, ¿verdad? Pero resulta que los dos pueden hacer ambos trabajos bastante bien. Al final, como veremos, todo lo decide el gusto y sobre eso no hay susto.

Así que trataremos de ser objetivos evaluando sus otras propiedades y lo que pueden hacer por nosotros.

La mañana es terreno inconquistable del café. En concentraciones normales el café tiene aproximadamente el doble de cafeína que el té. Por eso nada, nada, despierta con la misma rapidez y sabor. Hay personas que solo necesitan aspirar el aroma del café recién colado para recibir el impulso del nuevo día.

La noche es terreno inconquistable del té. Nada te prepara para dormir como una taza de té y, a menos que quieras trasnochar y requieras ayuda para hacerlo, la energía que aporta el café no te ayudará mucho en este terreno.

Hablando de la blancura de tus dientes es verdad que el continuo uso de cualquiera de los dos contendientes te producirá una disminución de la brillantez de del esmalte dental. Sin embargo, hay indicaciones de que los pigmentos del té son ligeramente más agresivos que los del café. Pero no por mucho.

¿Y qué hay con respecto a los nervios? Tanto el café como el té pueden ser tranquilizantes suaves y se sabe que pueden proteger de, o disminuir, los estados depresivos. Los dos promueven un estado general de bienestar y esto hace que nuestras revoluciones por minuto tiendan a moverse hacia el mínimo.

En cuanto a la salud, los dos comparten con muchos otros productos el carácter dual que puede discernirse después de leer algunos de los estudios contradictorios sobre el asunto. Se sabe que los dos previenen la diabetes. El café, de acuerdo a muchas investigaciones, es mejor que el té para prevenir las condiciones cardiópatas y para proteger el sistema cardiovascular. Mientras que el té, gracias a sus propiedades antioxidantes, ha sido muy recomendado para prevenir la aparición de cáncer. Mientras uno no se complazca en el abuso de cualquiera de estos alimentos la salud ganará algunos puntos extra.

 

Como ves si dejamos de lado las preferencias personales es difícil determinar cuál de los dos es mejor. Ambos son buenos, ambos son deliciosos. Ambos satisfacen las necesidades personales por las que nos aficionamos a tomarlos, ya sea para ganar energía o para tranquilizar los nervios.

El café favorece el trabajo intelectual. No tenemos idea de cuántas teorías y principios que han cambiado al mundo nacieron enfrente de una tacita de café sobre una mesita redonda en la acera de una calle.

El té favorece la percepción espiritual y el balance emocional mientras el sol desaparece detrás de unas montañas azules.

La humanidad no sería la misma sin estas dos bebidas universales.