¿Cuál era el verdadero aspecto de las pirámides de Guiza?

Todos las hemos visto, en sitio o en fotografía, dibujos o cine. Todos nos hemos asombrado ante la tremenda escala de la obra, su antigüedad, su estructura, su ingeniería, su misterio.

Son figuras geométricas masivas que todavía no han entregado todos sus secretos, son puntos de contención entre arqueólogos, historiadores y religiosos. Han sido estudiadas por cientos de años y son la base de teorías, cultos y divagaciones sin fin.

Todo esto nos lleva a olvidar muchas veces que lo que vemos es una ruina, el resultado de más de 5.000 años (como mínimo) de intemperie, asaltos, despojos, saqueos. Se nos olvida que las pirámides no lucían de esa manera cuando eran nuevas y la manera cómo lucían es asombrosa.

Lo que vemos actualmente es una gigantesca aglomeración de bloques de piedra caliza, una monumental estructura de legos gigantes de 40 ton cada uno. Pero una estructura desmadejada y rota por la acción del tiempo. Los arqueólogos han sabido desde hace mucho tiempo que las fachadas erosionadas que aparecen ahora ante nuestros ojos no eran las fachadas originales y así como todo un ejército de arqueólogos e investigadores se dedicaron a estudiar los edificios por dentro, también un grupo de dedicó a descifrar los secretos externos.

Fueron éstos los que descubrieron que toda la estructura que vemos hoy estaba cubierta por gigantescas lajas de piedra caliza blanca, montadas como un gran rompecabezas. Estas piedras fueron pulidas luego hasta conseguir un lustre como de metal brillante que podía reflejar la luz del sol por kilómetros alrededor.

Estas lajas llegaban a pesar 15 toneladas y eran pulidas en sitio, es decir, después que eran montadas en la fachada de la pirámide. Esta era la única forma de alinearlas y pulirlas con la precisión requerida para que toda la inmensa superficie triangular quedara lisa como un espejo.

Se cree también que sobre esta pizarra inmaculadamente blanca se pintaron murales que podían tener temas religiosos o históricos. Sin embargo esto ha sido bastante más difícil de probar.

Las piedras de las fachadas han desaparecido casi por completo saqueadas para construir edificios y mezquitas en El Cairo. Sólo quedan algunas al pie de las ruinas que dieron la primera clave sobre el aspecto final de las pirámides nuevas.

Debieron haber sido una maravilla para quitar el aliento. Esos edificios de un simple diseño geométrico, de una escala casi inhumana en su concepción y construcción, debían lucir positivamente alienígenas, en mágico contraste con el amarillo y rojo del desierto, como extraños dados de marfil arrojados a la tierra por los dioses para recordarnos la relatividad de nuestra envergadura.