¿Qué es lo más amoroso que le puedes decir a tu pareja?

Esto tiene la misma calidad de mítico, urgente e importante, que la búsqueda del santo grial, descubrir qué es lo que deberíamos decir a la persona que amamos para que, sin lugar a dudas, ella o él, sepan que hablamos en serio.

Alguien dijo una vez que el lenguaje se inventó para disfrazar a las cosas, no para revelarlas. A veces uno piensa que tuvo razón. A veces nos damos cuenta de lo difícil que es comunicar lo que verdaderamente sentimos y lo inadecuadas que pueden ser las palabras. Menos mal que tenemos a disposición otros mecanismos, como por ejemplo, regalos, gestos, u otras formas de comunicación como llanto, risas, etc.

A pesar de todo con frecuencia nos sentimos insatisfechos con los resultados, sentimos que no transmitimos lo que queríamos.

Es por eso que siempre se ha buscado la mejor forma de decirle a esa persona especial lo mucho que nos importa, de manera que no haya dudas o malinterpretaciones.

A lo largo de la historia hemos ensayado muchas fórmulas que, a fuerza de repeticiones, como que han perdido su eficacia, pasando a ser como gritos de ahí viene el lobo que ya nadie cree.

Pero si ciertamente queremos borrar toda duda de la mente de esa persona tan querida tenemos que concentrarnos en ella, dejar a un lado el ego que quiere ser primero amado y luego amador. No podemos partir de la ilusión de que sabemos todo lo que hay que saber sobre nuestra relación porque no es así.

Este es el secreto de la verdadera comunicación, reconocer que no sabemos.

Entonces es importante que tratemos de averiguar lo que la persona amada quiere.

La demostración de amor más contundente es preguntarle: enséñame como amarte, dime qué puedo hacer para que te sientas amado(a).

El ego toma un segundo puesto y la conducta se orienta a cerrar las brechas que antes separaban. Recordemos que estas divisiones pueden ser tan antiguas como la relación misma, tan sutiles que pasan desapercibidas hasta que la crisis estalla, tan penetrantes que arruinan todo el esfuerzo desde adentro.

Preguntando el cómo y el qué, olvidándonos de lo que queremos a cambio, de lo que yo necesito, abro las puertas de una verdadera comunicación.

La respuesta a esa importante pregunta nos deja la tarea de acercarnos a la solución mediante la puesta en práctica de todos esas condiciones.

Por supuesto, esto no puede ser un proceso unilateral porque estaríamos entonces donde comenzamos, con la ley del embudo. Esto es tarea de equipo. La pregunta es una calle con doble sentido de circulación. La entrega es mutua. El amor es mutuo.