Este es el repugnante origen del término “piel roja”

INDIOS PENOBSCOT

Los epítetos basados en el color de la raza no son una moda, son una herramienta que fue usada como arma en muchas ocasiones en la historia para definir a alguien inferior, a un enemigo, a un grupo de personas consideradas una peste. Marcaban a alguien para la muerte.

Algunos de estos epítetos todavía sobreviven aunque su poder de hacer daño está muy disminuido gracias a los avances en materia social que hemos logrado.

Piel roja era sinónimo de salvaje, de bárbaro, de algo menos que humano. Probablemente recuerdas la famosa frase, “El único indio bueno es el indio muerto” del infame coronel Custer.

Tal vez hayas pensado que el término piel roja se debía al color de la piel de alguien que pasaba mucho tiempo al sol, a la intemperie, pero en ese caso la piel adquiere un tono de cuero curtido, quemado, no rojo, más bien marrón oscuro. Quizás de todos los colores de piel que hemos usado como marcadores ese sea el menos adecuado, el menos representativo.

El origen del nombre piel roja

En el año 1755 el gobernador Shirley de Massachusetts se ausentó de su puesto por razones que no vienen al caso dejando en su lugar a un subalterno de dudosa capacidad llamado Spencer Phips.

Esos años estuvieron llenos de conflicto entre la población de colonizadores y los habitantes originales de la zona, especialmente con la tribu de los Penobscot. Phips, que había alcanzado esa posición por medios nada claros hasta ahora y que era gobernador interino por la referida ausencia de Shirley, decidió atacar el problema con medidas extremas. El resultado fue la Proclama Phips, que era un sistema de recompensas por cada indio capturado o muerto.

Estos eran los términos: por cada indio Penobscot varón mayor de 12 años llevado vivo a Boston, 50 libras; por cada india o por cada varón menor a 12 años capturado y llevado a Boston: 25 libras; por cada cuero cabelludo de varón o hembra menor de 12 años: 20 libras.

LA PROCLAMA PHIPS

Estos restos ensangrentados, la evidencia macabra del servicio al rey y corona, eran llamados pieles rojas.

Estas recompensas eran pagadas a toda persona, oficial gubernamental o privadas, procedentes del tesoro público.

Con ese nivel de ganancia unido a un prejuicio muy extendido es fácil ver cómo un apodo como ese se hizo salvajemente popular en muy poco tiempo.