La frase “me rompió el corazón” es más literal de lo que piensas

“Me rompió el corazón” o “tengo el corazón hecho pedazos” generalmente describe un sentimiento común entre todos aquellos que, en un momento u otro de nuestras vidas, nos hemos enamorado: desencanto, tristeza. Y tal pareciera que no hay manera de evitarlo, que no es posible embarcarse en la aventura de las relaciones amorosas sin experimentarlo de una u otra forma.

 

Pero puede ser mucho más que una frase

Sin embargo no vamos a tocar ese ángulo de las relaciones con sus enredos y complejidades.

Esta vez es biológico, porque esa frase puede en verdad describir una condición real, no una situación percibida por un trastorno emocional.

Se conoce como Tako-tsubo cardiomiopatía, también conocida como el Síndrome del Corazón Roto, y es activado por la pérdida de una persona amada, ya sea que se exprese como luto, una rotura en una relación, o cualquier otra experiencia traumática emocional.

 

He aquí lo que sucede a nivel físico

Los cambios emocionales están regulados en su origen, intensidad y duración, por los niveles de ciertas hormonas y su correspondiente acción en el cerebro. Esto se ha conocido desde hace mucho tiempo y es la base de los tratamientos médicos para curar estados síquicos fuera de control como depresión, ansiedad, obsesiones, etc.

Cada cambio hormonal tiene un componente o consecuencia física. En el caso de las fuertes emociones asociadas con los problemas amorosos las áreas del cerebro directamente afectadas son aquellas donde la dopamina tiene su campo de acción. Este neurotransmisor influye en los estados asociados con la felicidad, el placer y las adicciones y por lo tanto su relación con los desencantos amorosos es directa.

Un desbalance en dopamina puede ocasionar un debilitamiento de las paredes del corazón, especialmente las que conforman el ventrículo izquierdo, que se engrandece y pierde su forma. Esta es una condición que puede ocasionar dolores en el pecho e infartos.

 

El rechazo social

No solamente el romper una relación personal puede producir un corazón roto, aunque sus efectos son más contundentes si este es su origen, pero el rechazo de otras personas del ambiente social también puede disparar el síndrome.

La relación acción-recompensa, que es la base de toda adicción y también es la base de muchas relaciones personales, también está regulada por la dopamina. El no recibir la recompensa esperada por nuestro acto, por ejemplo si no me das reconocimiento cuando aprecio tu presencia, altera también los niveles de la hormona produciendo los mismos efectos del desencanto amoroso. El hecho de no recibir la recompensa social trae como consecuencia, a nivel hormonal, una reacción parecida a la negación de la fuente de la adicción, con todo el dolor físico asociado a ellas.

No en balde la gente puede morir de amor. Lo han hecho. Literalmente.