¡Me enamoré de un robot! ¿Es esto posible?

Los sustitutos para una relación personal insatisfactoria son muchos y muy antiguos, desde la sempiterna mano derecha, hasta experimentos en amor libre, grupal, amor transgénero, y otras alternativas demasiado bizarras para mencionar.

 

La necesidad de una relación satisfactoria es humana, universal e innegable. Desde el mismísimo principio Dios vio que el hombre estaba solo y vio que necesitaba una compañera. Anhelar, buscar, promover, construir y mantener, una buena relación de pareja es uno de los trabajos más difíciles que hay y podemos invertir en eso la vida entera…y fracasar. El ser humano es extraordinariamente complejo para que algo así pueda alcanzarse fácilmente.

Por eso hay gente que, por una razón u otra, prefieren la salida fácil y menos comprometedora. Por eso hay una fuerte tendencia entre cierto grupo de personas, abrumadoramente masculinas en número, que ven en una pareja inerte la solución a sus carencias.

Este especial nicho generó una industria de placebos sexuales en forma de muñecas. Hoy en día el nivel de calidad de éstas muñecas es impresionante, hechas de silicón de alta calidad, y se acercan mucho al ideal físico de una compañera que no exige nada.

Pero la industria sigue progresando y el próximo paso es añadir movimiento, comportamiento guiado por chips y software que mejoren ostensiblemente el parecido. Estamos a la puerta de los primeros robots sexuales.

¿Puede una relación con un robot tener la calidad necesaria para llamarla amor?

¿Puede un robot comprender una relación recíproca, hacer y mantener un compromiso, hacer sacrificios y todo lo demás que identifica el amor? Tal vez sea posible…en un futuro…con uno que tenga una inteligencia mucho más avanzada de lo que hemos visto hasta ahora. Sin embargo la gente es capaz de amar un gato aunque, sabemos, el gato no es lo primero que se nos viene a la mente cuando pensamos en amor recíproco.

El primer objetivo de algo como un robot sexual es satisfacer sicológicamente una necesidad, una carencia. Las personas que pudieran ver atractiva una propuesta como esta quizás no necesitan las complicaciones de una relación recíproca sino una compañía física básica sin exigencias.

En este sentido las muñecas funcionan. Es común entre las personas que las usan desarrollar un apego que los satisface. Hay multitud de testimonios que lo prueban. Probablemente no nos parezca sano pero podríamos pensar lo mismo de aquellos que llegan a amar una casa, o un bote, o una profesión, o a un animal.

Lo cierto del caso es que los robots sexuales vienen en camino. No creo que nadie pueda detener eso y al final veremos cómo cobra vida Takeo Nomura, el ingeniero de 65 años que se enamora de Nikiko, un androide, en la excelente novela Robopocalipsis. O, si eres amante… ¿?…de los clásicos, Los robots del amanecer de Asimov, verás cómo Gladia se enamora de Jander Panell, un robot a quién ella consideraba su esposo.