¿Por qué usamos sábanas para arroparnos de noche?

No, la respuesta no es porque hace frío. Nosotros tendemos a cubrirnos con sábanas incluso en climas calurosos y con válidas razones para hacerlo. De eso es que vamos a hablar aquí, las razones por las que hemos usado mantas desde los tiempos prehistóricos.

Las mantas no eran sencillas ni baratas de producir, eran el fruto de trabajo especializado y no eran un producto que se conseguía en cada casa en la antigüedad. Pasaba con ellas algo parecido a lo que pasaba con las espadas. Es una idea común, alimentada por el cine, que todo el mundo poseía una espada en tiempos antiguos, pero la verdad era que una espada era un objeto muy caro y sólo los adinerados podían darse el lujo de poseerlas, los demás se las arreglaban con hachas, picos, lanzas, etc.

Cuando no había mantas la gente se las arreglaba con soluciones un poco menos convencionales como el compartir la cama con varias personas o incluso con animales.

En tiempos medievales europeos las sábanas eran tan costosas que frecuentemente eran parte de la herencia repartida en los testamentos.

Las razones de la manta universal

Hay dos consideraciones a tomar en cuenta, la fisiológica y la sicológica.

Según tengamos fijado el ritmo circadiano nuestro cuerpo comienza a enfriarse un par de horas antes del momento de dormir para poder disminuir el nivel de actividad que un cuerpo caliente provoca en nosotros. Junto con la temperatura ocurren también varios cambios hormonales que ayudan a conciliar el sueño. Este bajón en temperatura corporal se hace crítico en horas de la madrugada cuando la noche es más fría (incluso en el trópico) y perdemos la capacidad interna de autorregular la temperatura corporal (exacto, como les pasa a los reptiles). Entonces es cuando la presencia de la mantita se hace indispensable para ayudarnos externamente a mantener un agradable calorcito dentro de nosotros.

El segundo componente tiene que ver con un condicionamiento que recibimos cuando niños. ¿Qué padre o madre lleva su niño a la cama sin ponerle encima una sabanita tibiecita y suave? Arropar a un niño en la cama es parte del tierno ritual que llevamos a cabo noche tras noche. Esa sensación de atención, comodidad, tibieza, protección, que la manta le produce al bebé es la razón de que, ya de adultos, seamos incapaces de dormir apaciblemente sin no tenemos cerca una suave y cálida manta.

Es imposible separar la cama de la manta, son como los dos lados de una confortable sándwich.