Un templo que parece un pastel de fantasía. ¿Sabes cuál es?

A principios de los años 1550 un monarca ruso estaba enfrascado en una lucha por aplastar toda oposición política y militar. Su crueldad lo llevó a ganarse un apodo que significaba algo así como “el que genera terror”. Fue el primer zar y en occidente es conocido como Iván el Terrible.

Finalmente sus últimos enemigos cayeron y con la victoria contra  los Tatar, antigua tribu que una vez fuera enemiga de Gengis Kan, se afianzó su poder sobre toda Rusia.

Para celebrar ordenó la construcción de un templo, una catedral como ninguna otra, cuya obra terminó en 1561. El resultado fue la Catedral de San Basilio aunque su nombre completo original, siendo un templo dedicado a la Virgen María, es la Iglesia de la Intercesión o la Catedral de la Intercesión de la Virgen en el Foso.

Hoy en día lleva es mejor conocida por el nombre de un profeta, hijo de campesinos, que fue enterrado dentro de la catedral, Basilio el Bendito.

No hay datos concretos sobre quién fue su constructor. Se dice que fue un arquitecto italiano a quién Iván le mandó sacar los ojos para que no pudiera construir algo parecido nunca jamás. Otra versión dice que fueron dos arquitectos rusos de los que tampoco se sabe casi nada.

La nave central de la iglesia tiene 48 m de alto y a su alrededor, coincidiendo con los 8 puntos del compás, hay 8 capillas, cada una de ellas dedicadas a santos o a eventos especiales de la vida de Jesús. Cuando se decidió enterrar allí a San Basilio se añadió una novena capilla.

Originalmente el templo era blanco con las cúpulas doradas pero en algún momento en los 1700 se los pintó por primera vez con los colores que según el Apocalipsis tiene el reino de Dios.

A pesar de ser una iglesia hoy en día sólo se celebra un servicio al año en octubre, el Día de la Intercesión. El resto del tiempo es un edificio secular, museo y centro turístico.

Un día Stalin pensó que la Plaza Roja, tal como estaba, no era suficiente para sus poderosos desfiles de tropas y quiso demoler la catedral para darles más espacio a sus soldados gloriosos y dignos. El hombre que tenía la misión de hacerlo, Pyotr Baranovsky,  le dijo que primero prefería estar muerto que destruir el edificio. Como consecuencia pasó 5 años en prisión. El edificio se salvó.

Gracias a esa valentía hoy podemos disfrutar de un templo único en su belleza y encanto.