Cómo engañar a la vejez…o la magia de los telómeros

Todos envejecemos. Puede que sea una batalla perdida desde el punto de vista del resultado final, sin duda, pero no es una batalla fija en un molde y en nosotros está la capacidad de pelearla bajo nuestros términos.

No todos los procesos de envejecimiento son conocidos o bien entendidos, son procesos complejos que se dan en varios niveles, pero uno de los mejores documentados tiene que ver con los telómeros.

Los telómeros son un conjunto no repetitivo de genes que se encuentran en los extremos de la molécula de ADN, son como los nudos que impiden que la molécula pierda su forma. Sin embargo con cada división celular dentro del ciclo reproductivo, se acortan, se debilitan, hasta que llega el momento en que la célula para de reproducirse, el tejido deja de renovarse y la vejez se sienta en tu mesa.

Esto, como dije, llega tarde o temprano, pero los telómeros no son cosas inertes y se ha comprobado que responden a muchos factores como alimentación, relaciones sociales, estilos de vida y al ambiente. Y cuando éstos son los apropiados se ha visto que los telómeros, no solamente tardan más en perder integridad, sino que recuperan longitud perdida con el tiempo.

Dentro de toda esta dinámica tus procesos mentales son de una importancia fundamental porque influyen, cambian, reversan, las posibles instrucciones codificadas en los telómeros. En otras palabras, la vejez puede ser influenciada de una manera positiva por ti.

Se han encontrado relaciones directas entre ciertos patrones de pensamiento y la longitud de los telómeros. La ira, por ejemplo…

…cuando se vuelve una actitud permanente que conforma tus respuestas o tu punto de vista, tiende a acelerar el recorte y degradación de los telómeros. En estudios clínicos se ha encontrado que las personas hostiles tienen más cortos los telómeros que aquellas que mantienen una actitud amable.

Los mismos resultados se encontraron en gente pesimista, y en aquellos que rumian una y otra vez sus problemas y sospechas, que se dejan arrastrar por situaciones de estrés.

Otra actitud que no ayuda es la represión de los pensamientos y sentimientos considerados desagradables, empujándolos a la fuerza afuera de la consciencia. Esto crea una tensión en los procesos cognitivos que genera aún más estrés mientras luchamos por mantener fuera de vista algo que tiende a volver una y otra vez.

Increíblemente, el no enfocarse en la actividad que estemos haciendo en un momento dado recorta los telómeros significativamente. El enfocar y comprometer toda nuestra atención en la tarea entre manos disminuye los niveles de estrés ocasionados por una mente vagabunda, no enfocada, dispersa.

La longitud de los telómeros, considerado un factor determinante en los procesos de envejecimiento, se ha comprobado estar relacionada directamente con las actitudes mentales con la que enfrentamos nuestra vida día a día. Esto es razón más que suficiente para vigilar muy de cerca la manera cómo pensamos y vivimos.