Descubre qué fácil y agradable es disfrutar cada bocado, vale la pena

La persona promedio consume algo más de un hora al día comiendo. O sea, tú pasas más de 32.000 horas de tu vida sentado a una mesa ingiriendo alimentos.

Pero el ritmo de la vida con frecuencia nos hace pasar por estas 32.000 horas sin realmente darnos cuenta de que lo hicimos, reduciendo ese momento a una rutina que cumplimos rápidamente para seguir con el resto de las importantes tareas del día.

Sin embargo, podemos hacer de ese momento uno de los más provechosos y agradables simplemente cambiando nuestra percepción de él, convirtiéndolo de una sencilla tarea de morder y tragar a una sensación de placer y experiencia vital. De esta manera al comer, no solamente satisfacemos la necesidad de alimentarnos, sino que aplacamos otras necesidades más sutiles pero no menos importantes, expresiones internas de aquello por lo que también estamos hambrientos.

Para hacer este cambio sigue estas sencillas notas:

Detén el carro antes de comer. Haz una pausa, no te sientes a la mesa sin bajar el ritmo frenético que te impuso tu trabajo. Respira lentamente, baja al mínimo las rpm, cierra los ojos y respira conscientemente con tu vientre cinco o seis veces antes de comenzar. Asegúrate de desechar toda tensión.
Luego que alcanzaste el mínimo presta atención a tu cuerpo y hazte esta pregunta, ¿qué tan hambriento estoy? La idea es enfocar tu atención en las señales que tu cuerpo te está dando en ese preciso momento. ¿Qué sensaciones te provoca tu estómago? Trata de sentir, no de pensar. Siente tu estómago vacío, o no tan vacío, siente la debilidad del hambre, los sonidos del estómago o la falta de ellos. Siente, escucha, no pienses que es hora de comer, que estás atrasado, etc.
Ahora es el momento de ajustar tu acto de comer. Ahora sabes cuán hambriento estás y eres capaz de reconciliar tu necesidad con la cantidad de comida que debes ingerir. De esta manera estás haciendo del comer un acto consciente, no automático. Estás alimentándote, no devorando comestibles.
Continúa respirando tranquilamente durante toda la comida, continúa prestando atención al cuerpo y a las sensaciones que emanan de él. Cómo la comida se deshace en tu boca, cómo va calmando la sensación de hambre, cómo cambian los sabores con cada bocado. No dejes que los pensamientos te saquen de allí.
Disfruta lo que sientes. Disfruta lo que comes. Si algún tipo de comida no te satisface plenamente, no la comas. Haz del comer un momento de comunión con tu cuerpo y contigo.

Independientemente de que tengas la costumbre de orar o no antes de comer, esta es una forma altamente espiritual de acercarte a tu alimento.