Escapa de prisión y deja a hermano gemelo en su lugar

Distinguir entre dos gemelos en ocasiones es bastante difícil. Son tan parecidos que solo la madre es capaz de identificarlos inmediatamente. Y los muy traviesos juegan a intercambiarse de identidad, a veces hasta poniéndose la ropa del otro e imitándolo. Son historias que se repiten una y otra vez entre mellizos de todo el mundo.

Los gemelos Delgado llevaron estos trucos a un nuevo nivel. Uno de ellos, Alexander Jheferson, estaba en prisión bajo los cargos de hurto y crímenes de índole sexual. El 10 de enero de 2017, su hermano gemelo fue a la cárcel para visitarlo, a traerle algo de comida y algunas cartas de familiares y amigos. Se vieron, como es de esperarse, en las áreas comunes de las instalaciones penitenciarias, y al cabo de un rato Alexander llevó a su hermano hasta su celda personal. Alexander aprovechó la oportunidad para drogar a Giancarlo, que es el nombre del mellizo, lo dejó en su lugar en la celda y escapó de la prisión.

Le habría ofrecido una bebida con sedantes, y Giancarlo poco después se desmayó y cuando se despertó se vio de frente con los guardias preocupados porque no recuperaba la conciencia. Todavía en el letargo, Giancarlo les explicó a sus carceleros lo ocurrido, quienes se negaban a creerle. Fue por su incesante persistencia que las autoridades del lugar accedieron someterlo a un procedimiento para verificar su identidad. Cuando compararon las huellas digitales con las del registro y constataron el fallo de identidad, comenzó el nuevo sufrimiento de Giancarlo, pues los guardias creyeron que era cómplice de su gemelo para evadir la justicia. Permanecieron firmes en la postura de no creer que había sido víctima de su hermano, y aunque no le acusaron con cargos formales, lo investigaron y lo mantuvieron en prisión, bajo la sospecha de haber colaborado en la fuga.

Las grabaciones de las cámaras de seguridad mostraron que el día que Alexander huyó con las ropas de su hermano gemelo, salió de la celda con su peculiar disfraz y saltó tranquilamente por todos los puestos de control (más de seis). A los visitantes se le marcaba en el brazo, y ningún guardia se ocupó de hacer la correspondiente verificación. Esto le costó el empleo a muchos de ellos, incluido el director del recinto. Esta prisión, el recinto penitenciario de Piedras Gordas, había sido por más de doce años el más seguro del Perú, y en todo caso, se trata de una de las escapatorias más interesantes de la historia.

Por su parte, Alexander fue capturado de nuevo, casi un año y medio después,  y se justificó de la maldad cometida contra su hermano alegando que fue un “sacrificio impulsado por el deseo de ver a su madre”, pero no hay nada que demuestre que haya tratado de encontrarse con ella ni de la reacción de esta al percatarse de quién era y lo que había hecho con su hermano para escapar. El hombre de veintiocho años cumplirá su condena inicial más lo que debe responder por haberse fugado, en una prisión de máxima seguridad de Challapalca, en medio de la cordillera andina.