El hombre que acumulaba orgón para curar a la gente

El paciente llegaba a la oficina de Wilhem Reich y entraba en una caja especial, construida de madera y lana metálica, un acumulador orgónico,  donde esperaba que el orgón ejerciera su influencia para ser curado de cualquier mal, físico, emocional y mental.

Reich concebía al orgón como una sustancia sin masa, una energía universal presente en todas partes, relacionada directamente con los las fuerzas vitales más allá de la metería inerte, por lo tanto  conectada directamente con las fuerzas fluidas del libido humano.

Esa fue la más grande idea y el propósito de la vida de Wilhelm Reich, nacido en Alemania en 1897. Su origen judío lo hizo perseguido político de los nazis hasta que se refugió en los Estados Unidos, discípulo de Freud, creía que la teoría de la libido tenía una base orgánica y biológica.

A partir de allí concibió la idea del orgón y dedicó el resto de su vida a comprobarlo y usarlo de forma práctica para el beneficio de la humanidad.

Después que llegó a América trató de ponerse en contacto con los más eminentes científicos y pensadores del continente, entre ellos, Albert Einstein, con quién trabó una corta relación. Aparentemente Einstein no lo consideraba muy bien y no se mostró interesado en invertir mucho tiempo con Wilhem.

Sin embargo el sicoanalista logró la atención de otros científicos que abrazaron con entusiasmo la idea del orgón y su pretendida capacidad de curar. La idea se hizo tremendamente popular entre los años 40 y 50, sobre todo entre el avant-garde de la sociedad americana.

Por otra parte Wilhem parecía tener una disposición hostil hacia las figuras de autoridad y a todo lo que representaba al gobierno. Cuando la Dirección de Alimento y Drogas le pidió una demostración del funcionamiento de su máquina orgónica Wilhem se negó de plano a demostrar en presencia de funcionarios oficiales los beneficios del orgón.

Además el FBI sabía que Wilhem pertenecía al partido comunista desde los tiempos de la preguerra en Alemania, y sin perderle pisada fueron engordando su expediente.

Eventualmente Wilhem recibió una orden federal que le prohibía vender sus cajas orgónicas, la cual ignoró. Para entonces su área de interés se había ampliado a las nubes, los OVNIS y la radiación atmosférica.

Finalmente fue arrestado en 1957, condenado a dos años de prisión por continuar vendiendo su máquina, cometiendo lo que se percibía como un fraude y 6 toneladas de sus papeles y documentos fueron destruidos. De esa sentencia sólo pagó 8 meses. Murió de un infarto poco antes de su apelación por libertad condicional.