Así se prueban tus cosméticos favoritos antes de llegar a las tiendas. ¡Es terrorífico!

¿Te ha caído champú en los ojos? Sabrás entonces que es una sensación terrible, te arden un montón e inmediatamente te quieres lavar la cara con agua.  Ahora imagínate que te echaran directamente toda una cucharada de champú en los ojos y que te ataran de manos para que no te pudieras tallar ni lavártelos.

¿Quién haría semejante cosa?, pensarás. Pues debes saber que esa es la realidad de miles de conejillos de indias de los laboratorios en donde se prueban los cosméticos que luego tú vas a consumir a los centros comerciales o a los salones de belleza.

Ahora te vamos a informar sobre todo lo que sufren los pobres animalitos para que se puedan fabricar los cosméticos que usas.

En 1940, se implementó en los laboratorios de cosméticos una prueba llamada test de Draize, que consiste en lo siguiente: a un conejillo se le añade una sustancia de ensayo, por goteo, bajo el párpado del ojo, con el fin de averiguar qué pasa con la córnea. En ocasiones, la córnea puede llegar a ponerse turbia y el animal pierde su ojito.

Si no pasa nada con la córnea, las pruebas continúan. Esto se hace repetidamente durante 24 horas en un pobre animal, a quien le inmovilizan la cabeza y las patas con la finalidad de que no pueda rascarse ni quitarse el producto de los ojos.

El ojo testeado con el producto se compara con el ojo sano. Si se observa alguna reacción desfavorable, el conejillo se queda en observación por 21 días. Si luego del paso de ese tiempo se determina que los daños fueron irreversibles, se le sacrifica de inmediato. Pero ahí no termina la cosa. Se usa a un segundo conejillo para ver si los daños se repiten. Si en esta ocasión fueron más leves, se utiliza un tercer conejillo. Invariablemente, todos son cruelmente sacrificados al terminar el experimento.

Debes saber que para este tipo de experimentos también se usan perros, gatos, conejos, cobayas, ratas, cerdos y hasta monos. Le afeitan la piel al animal y así se aplica la prueba de toxicidad. Cada año, alrededor de 50-100 millones de animales son usados para estos fines y finalmente sacrificados. Antes de morir, pasan un increíble sufrimiento. ¡Y las empresas dicen que esto es humanitario!

Tú puedes hacer un cambio en esta horrible situación.

La solución está en las manos de la gente. Hay productos cosméticos que no son probados en animales: estos pertenecen a la llamada “lista blanca” o “lista ética” de productos. Identifícalos porque tienen el logo de un conejo encerrado en un círculo y la leyenda “no probado en animales” o “amigable con la naturaleza” (en inglés: “non tested on animals” y “environmentally friendly”).

Si en el producto que consumes no encuentras este logo, entonces pertenece a la llamada “lista negra”. Agárrate, pues la mayoría de cosméticos que se encuentran en el mercado pertenece a esta condenable lista.

Tú puedes hacer una pequeña gran diferencia: consume únicamente productos libres de crueldad.

¡Comparte, por favor! ¡Esto se tiene que saber!