Carlitos Páez, el hombre que estuvo perdido 72 días en Los Andes

Chester Survive. Así ha titulado Risto Mejide la última entrega de su nuevo Chester de Cuatro que, sin duda, se ha convertido en uno de los programas más impactantes de la temporada. El publicista ha querido tratar el tema de la supervivencia y la muerte y quién mejor para invitar a su plató que María Belón, superviviente del tsunami del Océano Índico del 2004, Marta García, periodista superviviente de un cáncer de mama y, por último Carlitos Páez, supervivientes del accidente de avión de los Andes de 1972.

Carlitos Páez tenía 18 años cuando probó la carne humana por primera vez. La comía cruda y aseguró en televisión que “sabe a carne de vaca”.

Es una historia de supervivencia durante los 72 largos días que sufrió a 3.600 metros de altitud en los Andes, cuando el avión en el que viajaba con su equipo uruguayo de rugby Old Christians, familiares y amigos se estrelló contra la cordillera nevada.

En el programa, recordó lo que se conoció como “el desastre aéreo de los Andes” y tras el rescate de 16 de los 45 viajeros como “el Milagro de los Andes. Seguramente, uno de los momentos más destacados de la entrevista, fue cuando explicó cómo los médicos eran los que decidían a quién se comían. “Y creo que agarraron a quién tenían más cerca”, asegura Carlitos.

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“Todos somos supervivientes. La vida ya es una prueba. Yo soy alguien al que le tocó vivir una historia extraordinaria protagonizado por gente común” ha afirmado Carlitos. El uruguayo, el más joven de los supervivientes, ha afirmado que era una persona presumida, malcriada y que no servía para nada antes de vivir la experiencia más fuerte de su vida. “Para muchos era su primer viaje en avión, era un aventura muy atractiva para todos. Siempre se te pasa por la cabeza la posibilidad de caída pero cuando pasa de verdad no te crees que te esté pasando a ti” ha añadido el segundo protagonista de la velada.

“No cocinamos la carne. Algún día la podíamos cocinar pero si no, era cruda”, contó el superviviente y añadió que: “Sabe igual que la carne de vaca, exactamente igual. Te lo digo porque todos cuando llegamos a casa todos probamos la carne de vaca cruda y tiene el mismo gusto”, recalca.

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Páez cuenta que no comían en privado, como si fuera algo vergonzoso, porque “El ser humano se va acostumbrando. Llegás a un momento que al final, de pronto, te sentás arriba de un muerto para no mojarte en la nieve”.

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El entrevistador recuerda que muchos de los que se comieron eran amigos y Páez explica que los médicos preparaban la carne y no sabían a quién se estaban comiendo. “Tuvimos un pacto de no decir quién”. Pero después del rescate sí lo supieron.

“Hubo un familiar que me preguntó: ‘Carlitos, quiero saber si dispusiste de mi hijo para alimentarte’. Yo le dije que sí y me dijo ‘Te agradezco tu sinceridad’ y ahí se terminó el diálogo”,  rememora Páez.

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Con 63 años, Carlos Páez ha dado centenares de conferencias sobre su experiencia como superviviente. Y afirmó que “Lo peor son las veces que no me han preguntado (sobre comer carne humana) porque no se han animado. Muchas veces, en las conferencias en empresas, empiezo hablando del tema para quitárselo de encima”.