6 Historias de terror reales

Si eres una persona muy sensible, no te recomiendo leer estas historias, ya que son cortas pero sustanciosas. Son reales y no me imagino estar en el lugar de estas personas, pero es interesante lo que les pasó y por eso te las traemos hoy, si sigues ahí adelante porque ya empezamos:

 

Recuerdo.

Cuando era niño, en una noche bastante fría, desperté y noté que las
Cobijas solo me cubrían las piernas, aún tenía los ojos cerrados cuando
Sentí que alguien volvía a taparme, mi madre, supuse. Trataba de dormir
nuevamente cuando me acordé que mis padres no estaban en la casa,
Habían ido a una fiesta, y nadie me estaba cuidando…

 

Del otro lado de la ventana.

Acostado en lo oscuro de mi cuarto, escuchaba el zumbido del ventilador,
para mi esa en la forma más eficaz para dormirse. Ya mis ojos se empezaban a cerrar. Una sucesión de recuerdos e imágenes inconexas, estaba por dormirme, hasta que un ruido casi imperceptible me hizo abrir los ojos. Aunque de muy baja intensidad, como ya dije, fue apenas perceptible, el ruido fue bastante alarmante, sonó como si algo blando chocara contra el vidrio de la ventana. Giré la cabeza y vi la silueta de una persona pegada a la ventana, con las palmas en el vidrio y moviendo la cabeza, como tratando de ver hacia el interior.

Después de un instante de terror, la silueta se alejó lentamente.
Fue una experiencia atemorizante, pero lo que más me aterrorizó, fue
Que mi apartamento está en el quinto piso…

Estoy aquí.

Fabián despertó con un grito. Las sábanas se le pegaban al cuerpo, al pasarse la mano por la frente comprobó que estaba empapado en sudor. El cuarto permanecía oscuro. Estaba pensando que sólo había sido una terrible pesadilla, más al escuchar el clic de la lámpara colocada sobre la mesa de noche se encendió, vio al monstruo de su pesadilla saludándolo con la mano.

 

Observado.

Sebastián dormía en la oscuridad de su habitación. Despertó a medias al sentir que algo saltó sobre la cama. Ni abrió los ojos; su gato siempre dormía con él. Lo sintió desplazarse cautelosamente sobre la frazada, mientras se acercaba a su cara. Sebastián no le prestó atención; se dio vuelta hacia el otro lado y quedó dándole la espalda, y continuó durmiendo.
Por la mañana, cuando la luz del día proyectaba sutiles haces de luz por la ventana, Sebastián despertó y se sentó en la cama, se restregó los ojos y bostezó largamente. Giró la cabeza hacia donde creía que estaba su gato, no lo vio, y en ese instante se acordó que su gato había muerto unos días atrás. Y al mirar unas marcas que halló en la frazada, se dio cuenta que no era un gato lo que había pasado la noche a su lado, y vio que en la almohada habían escrito: “Te estoy observando”.

 

En el ropero

Temblando de miedo, Adrián abrió la puerta del ropero de golpe y el corazón se le aceleró; pero tras examinarlo sólo encontró ropa colgada en el perchero. Creyó que había sido su imaginación, más cuando le dio la espalda, escuchó que la puerta se abrió, y que algo que estaba en el interior del ropero salía caminando rápidamente hacia él.

 

La pesadilla

Era de madrugada cuando Javier salió apresuradamente de su cuarto. Descalzo y en pijama fue corriendo hasta la habitación de sus padres. Abrió la puerta sin golpear y vio que en la oscuridad había dos siluetas que estaban de pie.
– ¡Mamá, papá! ¡Tuve una pesadilla horrible! -exclamó Javier.
– Nosotros no somos tus padres, y no fue una pesadilla -le dijo una de las cosas con una voz aterradora.