Una criatura aterradora: el gusano Bobbitt, no querrás encontrarlo

Para que tengas una idea de lo aterrador de esta criatura, te damos una escena: una esposa despreciada, un gran cuchillo. Y un hombre llamado John Bobbitt. Ya recuerdas, ¿cierto? Bueno, con esta idea en mente te presentamos al Eunice aphroditois, mejor conocido como el gusano Bobbitt.


¿Quién fue el de la idea del nombre y la terrible escena que trae a la mente masculina? En 1992, Terry Gosliner, conservador de la Academia de Ciencias de California, fue presionado para darle al gusano un apodo menos científico para su libro sobre la vida marina. ¿Adivina qué caso acaba de pasar a los titulares en ese momento?

¿Por qué tenían que nombrarlo el gusano Bobbitt?


“Básicamente, la capacidad de usar esas enormes mandíbulas para cortar la médula espinal de un pez fue algo que me recordó lo que Lorena Bobbitt le hizo a su marido”, dijo Gosliner. Y este nombre fue aceptado y repetido por nombre de inflencia en el medio como, por ejemplo, el archiconocido naturalista David Attenborough en la aclamada serie documental de la BBC, “Blue Planet II.”

¿Qué hace tan terrible al gusano Bobbit?


En promedio, se estira un poco más un metro de un diente a la cola. Pero algunos crecen tanto como 3 metros. Con un ancestro que se remonta a más de 400 millones de años, el gusano ha tenido mucho tiempo para refinar su juego mortal. Básicamente, brota del lecho marino, como un tentáculo de terror y, ¿mencionamos los dientes? arrebatar a su presa. Luego arrastra todo el infortunado bulto de regreso al infierno, es decir, su guarida submarina, para comerlo a gusto.

Por ser de la familia de los eunícidos, tiene la particularidad de contar con apéndices puntiagudos que inyectan una toxina que narcotiza o mata en el animal, de manera que pueda ser ingerido de manera segura (especialmente si son más largos que el gusano) y luego digerido. Otro aspecto aún más perturbador de la mortalmente eficaz ejecución de esta maniobra de caza es que se realiza todo sin ojos ni cerebro discernible. Solo esa sonrisa serrada.

Después de ver la escena, puede que tú también llegues a la conclusión de que Terry Gosliner no estaba tan errado después de todo en la idea de hacer un poco “más comercial” la fama de este habitante del lecho marino. Si llegas a visitar las templadas aguas del océano Indo-Pacífico, específicamente, desde la India hasta las Islas Salomón, o al norte hasta Filipinas, ten los ojos bien abiertos para no pisar accidentalmente a uno de estos dentados predadores del lecho marino.