Bájate del carro o apagando el piloto automático

Desde el punto de vista de cómo hacemos las cosas hay dos maneras de proceder, la rápida y la lenta, o usando lo que se conoce como el cerebro rápido y el lento. Y en este caso rápido no significa mejor.

Nuestro equipo receptor de señales ambientales, internas y externas, recibe, literalmente, miles de estímulos cada instante. Miles, y si tuviéramos que prestarle atención a cada uno de ellos nos veríamos en la misma situación del ciempiés que, preocupado porque no sabía cómo lograba controlar todas sus patas, intentó prestarles atención a cada una de ellas, logrando sólo hacerse un nudo y no dar ni un paso más.

Para poder funcionar a un nivel práctico el cerebro construye senderos neuronales que se encargan automáticamente de procesar, o bloquear, según sea más conveniente, toda esta información, de manera que nos permita hacer otras cosas sin vernos abrumados.

Este es el cerebro rápido, es tremendamente útil…hasta que toma el control, nos hace a un lado, y actúa por su cuenta. Por lo general esto no es bueno, porque es en estos circuitos automáticos donde viven la ira, los celos, la avaricia, el descontrol y el desorden, entre otros.

Sin embargo hay otra forma de procesar la información relevante para el bienestar personal y social, permitiendo que la intención en la acción y la voluntad tengan chance de pasar al frente.

Este es el cerebro lento, nos permite crear nueva conducta sobre la base de un manejo consciente de la información, identificando y deshaciendo viejos hábitos y reflejos.

¿Cómo hacemos el cambio?

Plenamente consciente de lo que estás haciendo baja la mano a la palanca de cambio y reduce el avance desbocado del auto. Dale a tu percepción las oportunidades que necesita para no perder de vista tu meta.

Dale claves perceptuales a tu cerebro lento, manteniéndolo alerta sobre tu intención de darle control. Por ejemplo, si tu intención es controlar la expresión automática de la ira, coloca un tono tranquilizador en tu timbre del teléfono y recuerda lo que estás tratando de hacer cada vez que lo oigas.
No dejes que estas nuevas claves sean secuestradas por el cerebro rápido, convirtiéndolas en nuevos hábitos automáticos. Renuévalas, refréscalas, mantén tu intención alerta, mantén el cerebro lento consciente siempre, activa tu atención hacia lo que estas tratando de hacer.
Crea nuevos hábitos y patrones. La idea es facilitar el mantenimiento de tu atención activa siempre. Por ejemplo, diseña una nueva reacción, “antes de abrir un puerta tomo una respiración profunda”, o “cuando suene el teléfono préstale atención el tono antes de responder”.

No dejes que el cerebro rápido resuelva los problemas, rara vez da en el blanco porque rara vez se detiene a escuchar.