Convierte tu sesión de ejercicios en una afirmación de conciencia. Así es como…

El ejercicio es parte de nuestra vida, usemos zapatos deportivos o no. El ejercicio es actividad física y cuando se hace con el fin de mejorar nuestra forma o performance, se le llama deporte. Caminar, correr, jugar un partido semanal, Pilates o nadar, todo tiene como fin ganar salud y bienestar.

Pero limpiar la casa, lavar el auto, jardinear, también son ejercicios y, aunque no son reconocidos como deportes, también pueden ser usados como un ejercicio de afirmación de quién eres.

A la hora de ejercitarnos existen dos alternativas. Tomemos como ejemplo el caminar, una actividad muy común, practicada por personas de distintas edades y condiciones, barata y tremendamente efectiva. Nos ponemos ropa adecuada, salimos al parque o ruta de nuestra preferencia y, una, nos colocamos unos audífonos y escuchamos música mientras caminamos, totalmente desacoplados del cuerpo y de lo que nos rodea, haciendo y oyendo ruido para entretenernos; o dos, prestamos atención a nuestra respiración, a lo que el cuerpo siente, a lo que nos rodea y pasa en derredor.

En la primera forma el cuerpo va por un lado, la mente por otro y la conciencia…no sé dónde estará. De la segunda manera todo está unido en el propósito de ser uno durante un rato.

Cualquiera que sea la actividad física sigue estos pasos para integrar físico, emoción, mente y espíritu.

Establece claramente lo que vas a hacer. Por ejemplo, “Voy a caminar prestando atención a mi respiración, siguiendo cada inspiración y espiración, voy a sentir la brisa en mi cara y la presión del pavimento en mis pies”. Define un propósito y síguelo.
Calienta suavemente prestando atención al ritmo de respiración y viendo cómo se adapta a la simple calistenia de preparación.
Paulatinamente sube la intensidad. No dejes de prestar atención a lo que estableciste como tu propósito, especialmente tu respiración, establece tu ritmo, encuentra tu nicho.
No dejes que la rutina te duerma, de vez en cuando exígete un poco más. No pierdas la atención, mantén tu conciencia enfocada en tu propósito.
Una media horita después baja el ritmo, aprovecha para sentir más profundamente tu cuerpo, sus mensajes y señales, tu respiración, el ambiente que te rodea.
Dedica unos 5 minutos para llegar de nuevo al mínimo. Presta atención a todo lo que estás sintiendo, el sudor, la tensión muscular, los pequeños molestias, la brisa refrescante, la presión del pavimento en la planta de tus pies. Date cuenta de todo lo que está alrededor de ti.

Convierte cada actividad física en una práctica de atención, en una activación de la conciencia en la vida que circula en ti.