¿Qué tienen en común Argentina, la esclavitud y mala matemática? La encantadora Casa Mínima.

Mucho tiempo ha sucedió en Argentina, un país con una tradición de cultura europea como ninguno en América, una curiosa historia acerca de una familia que se vio en la necesidad de comenzar a reducir bienes y posesiones.

Argentina era una joya prístina llena de pampas interminables, glaciares que nacieron en la última era del hielo, montañas impresionantes de nieves perpetuas y una cultura que rivalizaba con todas.

Todo comenzó uno tres años antes de que los movimientos independentistas llevaran a esa colonia a declararse emancipada de la Madre Patria. Era el año de 1813 y ya se comenzaban a dar los primeros pasos para sumar a Argentina al grupo de países que, dentro de sus fronteras, hacían serios esfuerzos para hacer una realidad concreta la idea de que todos los hombres fueron creados igual.

Finalmente, ese mismo año, se redactó y aprobó un documento oficial que se llamó el Decreto del Vientre Libre, el cual les otorgaba la libertad a todos los niños y niñas nacidos de madres esclavas.

Mientras esto pasaba la familia Urquiza, de Buenos Aires, se vio en la imperiosa necesidad de comenzar a dividir una amplia propiedad, que al comienzo tenía una medida generosa de 16 m de ancho. No se sabe si en realidad hubo problemas económicos, pero es difícil explicar de otra manera el que se comenzara a fraccionar una propiedad semejante en otras más pequeñas para vender o alquilar.

Fue así que la propiedad original fue disminuyendo de tamaño con cada operación, pero algún miembro de la familia no tenía muy claro cómo se mide un edificio para dividirlo, o sencillamente era malo sumando y restando. Lo cierto es que, para cuando terminaron, se dieron cuenta de que les quedaba una rebanada de casa, de solo 2,5 m de ancho y 13 de profundidad, atrapada en medio de todo lo demás.

Unos dicen que este es el origen de la Casa Mínima. Otros afirman que ella fue el regalo que la familia le dio a un viejo esclavo por sus servicios de toda la vida. Sin embargo, es extremadamente improbable que en 1813, a 40 años todavía de la abolición oficial de la esclavitud en Argentina, una familia le diera la libertad a un esclavo y de paso le regalara una casa.

De todas maneras, independientemente de su origen, la Casa Mínima es un rincón encantador de la ciudad de Buenos Aires y un ejemplo de la gran cantidad de coloridas historias de la América colonial.