Erzsébet Báthory ¿Víctima o monstruo?

Descendiente de reyes, familiar de príncipes y cardenales, perteneciente a una de las familias más ricas y poderosas de la Transilvania de 1560, extraordinariamente educada, y una asesina y torturadora consumada.

Su esposo era conocido como el Caballero Negro de Hungría por su costumbre de empalar a sus enemigos. Cuando murió dejó una viuda de 44 años.

De repente Erzsébet se encontró en posesión de un gran castillo, una fortuna y un título de señora feudal de todo un condado de Transilvania. Pero sin fuerza militar para defenderse.

El comienzo del fin

Muy pronto se vio enredada en intrigas políticas sin fin, blanco de varias confabulaciones por parte de enemigos de su familia, algunos miembros de la misma, que incluían, entre otros, al rey de Hungría, Matias II, para quién la idea de hacerse con la fortuna de la viuda era muy atractiva.

Erzsébet fue acusada por un pastor cristiano de practicar artes malignas, específicamente la magia roja, cuyo principio básico era usar la sangre de niñas y muchachas jóvenes para oscuros propósitos.

El rey ordena una investigación y el castillo es tomado a la fuerza por uno de sus primos.

El horror que sus siervos contaron

En 1602 se inicia el juicio al que ella se niega a asistir amparada en su origen noble. Todos sus siervos fueron llevados ante el juez y sus declaraciones son el marco narrativo de uno de las masacres más espeluznantes que jamás se hayan visto. Su propio mayordomo habló sobre 37 jóvenes, con edades entre 11 y 26 años, contratadas por él mismo y asesinadas sin importar si eran nobles o plebeyas.

En el juicio salió a relucir la presencia, dentro del círculo de ayudantes cercanos a Erzsébet, de tres brujas, Piroska, Helena y Dorottya.

Debido a la descripción de los horrores cometidos dentro del castillo todos sus colaboradores, incluido el mayordomo, fueron condenados a muerte, decapitados y cremados. A las brujas les arrancaron los dedos y las quemaron vivas.

Su origen noble impidió que fuera procesada y castigada como a cualquiera por lo que el rey la condenó a vivir dentro de su aposento,  con las puestas y ventanas selladas con roca y un solo agujero para pasarle comida. Tosas sus propiedades fueron confiscadas.

En agosto de 1614, a los 54 años, murió tras vivir en oscuro confinamiento solitario por 4 años.

El horror que aún vive

Su leyenda habla de la sangre que usaba para mantenerse joven. Los hombres que irrumpieron en su castillo describían cuerpos desangrados, golpeados brutalmente, despedazados, rebanados, perforados. Debajo del castillo exhumaron 50 cadáveres más de muchachas. Todo el lugar hedía a podredumbre y había cuartos enteros llenos de instrumentos de tortura.

Las declaraciones la acusaban de bañarse en sangre para mantener su belleza, de quemar los genitales de sus siervas con brasas y hierros al rojo, de morderle las mejillas y pechos de las jóvenes para chuparles y lamer la sangre.

Los investigadores declararon haber encontrado un diario en donde Erzsébet detallaba, día por día, la historia de 612 jóvenes torturadas y asesinadas salvajemente en un período de 6 años.