¿Qué tienen en común un islote, un muy raro insecto y un continente perdido?

En el año 1788 el teniente de la armada real británica Henry Lidgbird Ball hizo un descubrimiento cuando navegaba cerca de la costa este de Australia, un islote de unos 560 m de altura, 1.100 m de largo y unos 300 m de ancho. Un pedazo de roca afilado como una gigantesca cuchilla, remanente erosionado de un viejo volcán que existió hace 7 millones de años.

El islote, por su forma aproximada y en honor a su descubridor, fue bautizado la Pirámide de Ball.

Esta roca es protagonista de una historia de supervivencia en dos niveles, al mismo tiempo anónima y espectacular.

primer nivel

Hace 85 millones de años una masa de roca continental se separó de Australia moviéndose hacia el este y formando lo que se conoce como el continente de Tasmantis o Zealandia. Sin embargo, para cuando este nuevo continente cumplía 60 millones de años de edad estaba 90% sumergido.

Solo quedaron fuera del agua la isla que hoy en día se conoce como Nueva Zelanda y rocas aisladas aquí y allá. A pesar de todos los cambios geológicos  Zealandia sobrevive sacando sus dedos de roca por encima del agua. La Pirámide de Ball es parte de ese continente perdido, testigo de su carácter y composición.

segundo nivel

Otro testigo de esa historia es la isla Lord Howe, 20 km al noroeste de la Pirámide, el hogar original de Dryococelus australis, un insecto palo cuyo destino fue cambiado en 1918, cuando la rata negra fue introducida en su hábitat natural. En 12 años no quedaba ni un solo insecto en la isla. En 2001 hacía 70 años que nadie había visto uno solo de ellos vivo.

Y entonces un grupo de científicos encontraron una colonia de apenas 27 insectos viviendo a la sombra de un arbusto en la Pirámide. Nadie sabe cómo los insectos llegaron a ese pedazo de roca que, hasta entonces, se consideraba desprovisto de vida animal.

Los insectos, conocidos como langostas terrestres o salchichas caminantes, no tienen alas y no se explica cómo pudieron atravesar 25 km de océano para llegar allí.

 

Los insectos vivían en un arbusto de una variante de la maleluca que se alimentaba de la humedad atrapada en las grietas. Algunos de estos insectos fueron llevados inmediatamente a lugares seguros donde son criados en cautividad.

Qué difícil es detener a la vida. No importa cuán grande sea la catástrofe la vida siempre encuentra la manera de continuar.