¿Te equivocaste de nuevo? Tranquilo que lo estás haciendo bien

¿Te equivocas mucho cuando escribes?

Una mala noticia. Los errores no se van a ir a ninguna parte. Te vas a seguir equivocando.

Una buena noticia. No importa porque eso significa que eres muy inteligente.

Pero no por eso dejan de ser un verdadero fastidio. Te pasas toda una tarde escribiendo lo que tú crees es tu mejor pieza y luego viene tu hermanita y descubre de inmediato un error en la segunda oración.

Los errores gramaticales, o de tipografía, forman parte íntima de todo el proceso de escribir. Todo escritor ha experimentado esto y frecuentemente, al descubrir, si es que lo hace, los errores se pregunta ¿cómo es posible que me haya equivocado si yo sé muy bien cómo se escribe esa palabra?

¿Por qué me equivoco tanto?

No importa que sepas con precisión cómo se deletrea una palabra porque el error no se produce a ese nivel. El error se produce porque al escribir involucras, al mismo tiempo, funciones cerebrales de alto nivel con simples funciones automáticas.

El escribir es un ejercicio cognitivo, estás tratando de plasmar una idea en una forma que pueda ser entendida por otra persona. Aunque lo parezca esto no es algo sencillo.

La idea original, la que inspira el contenido de tu escrito, es formada, desglosada, categorizada, y transformada, en un conjunto de argumentos y proposiciones que son las que hilas dentro del mensaje de tu texto. De todo esto se encarga el cerebro en su más alto nivel operativo.

Pero el escribir, el hecho físico de poner todo ese pensamiento abstracto en blanco y negro, es una tarea secundaria, llevada a cabo por rutinas operativas automáticas. Tus dedos se mueven por el teclado sin que tu atención esté en cada movimiento.

Peor mientras haces esto, mientras tus dedos vuelan sobre las teclas, tus funciones intelectuales de alto nivel no cesan de trabajar, tú sigues comprometido con plasmar tus ideas conformándolas para que todos puedan entenderlas.

El error de tipografía aparece entonces porque tú sabes lo que tus frases y oraciones dicen o intentan decir, tú conoces tu argumento y tu mensaje y te adelantas constantemente a tus manos, planeando el futuro sobre el papel y “abandonas” a tus dedos y ojos a su suerte.

Por eso es que para los demás es tan fácil descubrir tu error, ellos no conocen tu mensaje ni sus complejidades, para ellos lo importante son los detalles. Y el error es sólo un detalle.