El bunna maflat: no solo el té tiene una ceremonia…también la tiene el café

Etiopia, la cuna del café. Se dice que una vez un pastor vio que sus ovejas se comportaban con más ánimo, más despiertas, después de comer de cierta fruta roja que abundaba por ahí.

Si es buena para mis ovejas es buena para mí, dijo el pastor. Este hombre es uno de los genios universales cuyo nombre debería estar a la par de Confucio, Colón y Gutenberg. Lamentablemente su nombre, como el de ese otro parangón de genialidad como fue el azteca que descubrió el chocolate, se ha perdido para siempre.

Celebrando con café

Uno toma café para despertarse por la mañana, o lo tomas para mantenerte despierto en la noche. Lo tomas para relajarte unos minutos en una mesita al lado de la calle o para estimularte en el trabajo o estudio.

Pero en nuestra cultura no está previsto tomar café para celebrar.

En Etiopía sí.

La gente de Etiopía se deleita realizando una acogedora ceremonia para celebrar la amistad, la familia y la conversación informal e informativa que siempre hace de estos momentos algo especial, y que además aligera la carga diaria del vivir. El café siempre ha estado relacionado con la amistad y la compañía.

Esta ceremonia, que rivaliza a la del té en su complejidad y significado, se lleva a cabo en el calor del hogar y marca un tiempo de relajación y comunicación.

Bunna maflat

Se lleva a cabo en cualquier momento del día y las amas de casa, tradicionalmente las encargadas de hacerlo y que consideran el llevar a cabo la ceremonia un honor, compiten para lograr la excelencia en su preparación y ejecución.

Su nombre en amharic es “bunna maflat”, lo que me recuerda a hakuna matata, y lleva la misma connotación de “tómalo con calma, llévalo suave, todo está bien”.

El piso de la habitación donde se va a llevar a cabo la ceremonia se cubre con hierba fresca y pequeñas flores amarillas. Usualmente también se enciende incienso tradicional. Los granos de café son tostados en sitio, encima de una plancha metálica llana, para luego ser molidos a mano en un mortero de madera. Posteriormente se tamiza varias veces para asegurar un solo tamaño de partículas eliminando impurezas al mismo tiempo.

Este café molido se añade entonces a un recipiente de arcilla, esférico en la base y con un cuello largo, dedicado especialmente a esa tarea, dejándose hervir durante unos dos minutos.

En una bandeja se colocan todas juntas las pequeñas tazas sin asa y la encargada de servir las llena directamente desde el contenedor donde se hirvió el café, desde una altura de unos 30 centímetros, de forma continua, y no se detiene hasta que todas y cada una de las tazas está llena.

El café es molido, hervido y servido tres veces para expresar la idea general de bienestar, buena fortuna y bendiciones.