3 cirugías que salieron horrorosamente mal

Todos entendemos que los médicos también se equivocan. Lo terrible es que su campo de trabajo es tan delicado, tan personal, que cuando ellos cometen un error las vidas cambian.

Todos entendemos que los hospitales, donde se atiende a cientos de pacientes en cualquier momento dado, son sistemas complejos y falibles. El problema es que cuando hay una falla vidas cambian.

Y con frecuencia los cambios son permanentes.

Jesica Santillan

Jesica entró ilegalmente a los Estados Unidos en el año 2000 buscando desesperadamente tratamiento médico para su condición. Tres años después el señor Mack Mahohey, leyendo sobra Jesica en los periódicos, decidió pagarle su tratamiento en el Hospital de la Universidad Duke.

La operación incluía el trasplante de corazón y pulmones, cirugía que se hizo en febrero del 2003. Pero todo se volvió una catástrofe cuando los médicos le implantaron a Jesica órganos no compatibles con su tipo sanguíneo.

Su cuerpo inmediatamente rechazó los órganos obligando a los doctores a un segundo procedimiento de emergencia con un nuevo set de órganos dos semanas después. Fue demasiando tarde. Jesica sufrió irreparable daño cerebral. Murió poco tiempo después. Jesica tenía 17 años.

Eduvigis Rodríguez

En abril del 2015, a Eduvigis, de 49 años, se le extirpó el pecho izquierdo por cáncer de mama. El diagnóstico original fue realizado por los médicos en el Hospital Mount Sinai Beth Israel, quienes refirieron a Eduvigis al Hospital Lenox Hill, en Nueva York, para la cirugía correspondiente.

El problema es que Eduvigis no tenía cáncer. Lo que los médicos diagnosticaron como tal era en realidad adenosis esclerótica, un crecimiento de tejido benigno. Pero el error fue doble porque los doctores en Manhattan debieron haber confirmado el diagnóstico original.

Eduvigis no solo perdió un pecho sano sino que, a causa de la innecesaria mastectomía, sufrió de hernia y un embolismo pulmonar.

Nate Melton

Nate tenía un día de nacido cuando la enfermera se lo quitó a la mamá para llevárselo a pabellón. No había ninguna cirugía prevista para él. Su mamá sabía que Nate estaba perfectamente sano y pensó que se lo llevaban para un chequeo de rutina.

Mientras tanto a Nate le hicieron una frenulectomía, cirugía para eliminar el tejido que une a la lengua con el piso de la boca.

Jennifer, la mamá, sospechó que algo andaba mal cuando una enfermera comenzó a educarla sobre las ventajas de una cirugía semejante. Fue entonces cuando el infierno les cayó encima a los doctores del Centro Médico Universitario de Líbano, Tennessee.

Si alguna vez te toca ponerte en las manos de alguien para una cirugía no temas pasarte de necio o necia, pregunta, y luego pregunta otra vez, y asegúrate de todo por triplicado. No asumas que ellos saben lo que hacen. Recuerda que el precio de su error eres tú.