¡La estupidez no tiene límites! Ganadores del premio Darwin

En una entrega pasada hablamos sobre la historia y filosofía de los premios Darwin, entregados a todo aquel que se elimina a sí mismo de la línea genética humana por medio de actos estúpidos.

Esta vez hablaremos sombre algunos dignos ganadores, gracias a los cuales la raza ha mejorado sus probabilidades de sobrevivir.

Frustrado Capitán Frío. Ganador 2018

El 19 de diciembre del 2017 un joven de 19 años y su novia paseaban junto al río Havel en Alemania. Comenzaron a discutir agriamente y el tipo empujó a su novia a las gélidas aguas. No contento con eso él mismo se lanzó detrás de ella para tratar de hundirla sin remedio. Lo que no tomó en cuenta es que la muchacha sabía nadar. Él no.

La joven nadó hasta la orilla recuperándose rápidamente de la hipotermia. El tipo se hundió en las aguas de 20C perdiendo la conciencia antes de poder ser rescatado. En el hospital fue diagnosticado en coma lo que no le impidió ser arrestado por intento de homicidio. Murió sin salir del coma el 14 de Febrero por daño irreversible al cerebro.

A pesar de que hubo una segunda persona herida en el evento, lo cual, por lo general, descalifica al candidato, los directores del premio hicieron una excepción porque la joven se recuperó completamente y ahora está mejor sin el estúpido a su lado.

Boxeadores de carretera. Ganador doble 2018

Sucedió en Polonia el 20 de febrero de este año. Dos hombres, uno de 29 años oriundo de Cracovia y otro de 40 de Zambrow, tuvieron un accidente automovilístico en una carretera rural. Se bajaron de los autos, discutieron, y luego se enzarzaron en una pelea de perros, durante la cual invadieron el canal cercano a sus estropeados carros. La pelea terminó bruscamente cuando un camión intervino dejando a los hombres planos en el pavimento.

Otro doble. Ganadores 2014

2 de marzo del 2014 en Holanda. Día de futbol, los fans se aglomeraban en una estación de tren en Róterdam. A las 6 de la tarde se aparecieron dos borrachos que se retaban mutuamente a probar su valor contra el tren. Valientemente los dos saltaron sobre la línea del tren, uno de ellos se acostó entre los rieles para mostrar que el tren podía pasar encima de él sin hacerle daño.

El otro, más precavido, o menos borracho, pero no por mucho, se arrodilló al lado de la vía con la cabeza lo más cerca posible del imaginado trayecto de la máquina. Resultó ser que el tren era más bajo y más ancho de lo que ellos calcularon. ¿Qué pasó? ¡Que ambos ganaron un flamante Darwin!